ESA cifra tan redonda corresponde el protagonismo económico de la semana, y los expertos reparten palmaditas en la espalda con sonrisas perfectas, mientras vemos cómo la economía española crece y crece, a un ritmo el doble de rápido que la economía estadounidense. Hasta ahí la macroeconomía, una asignatura cuya principal máxima (al menos en periodismo) es «pregúntate de dónde vienen los datos y si se pueden leer de otra manera». Porque que las empresas españolas crezcan es bueno y positivo. Sin empresas no hay empleo y sin empleo usted no come. Luego, cuando mejor esté la empresa, mejores cifras de empleo deberíamos tener, luego la gente debería tener más dinero y a la empresa le iría aún mejor, y así, teóricamente, hasta la saciedad. Pero el señor Trichet, que tiene fama de duro y que es presidente del BCE, está frunciendo el ceño por encima de los números, que no le cuadran. Porque la inflación asoma su fea jeta por detrás de la tendencia alcista, y viene a darnos unos bocados de realidad. Y la realidad es que los tipos de interés van a subir en diciembre, en enero y seguramente en febrero. Que se van a poner en un 4,25% más lo que usted haya contratado con su banco. Y que usted pagará por su hipoteca entre 150 y 250 euros más al mes, lo cual me imagino que no le hará mucha gracia. La ingeniería inversa aplicada a los números a veces nos recuerda que las cifras tan bonitas, como este 14.000 al que llega por primera vez la Bolsa, beneficia sólo a unos pocos a corto plazo y lleva prendida a las faldas otro varapalo para las rentas más bajas. Porque no hace falta recordar gracias a quién los grandes bancos tienen esas espectaculares subidas de beneficios que se reflejan en el Ibex. Vaya pidiéndoles a los Reyes Magos útiles de escalada, porque la cuesta de enero requerirá de crampones y pies de gato.