El silencio de Felipe González

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

UNA nube de periodistas y cámaras rodeaba a Felipe González para conocer su opinión sobre el tripartito. Dejó claro, después de hacernos dudar, que tenía opinión sobre el asunto, pero no la iba dar a conocer. Me sorprendió que un hombre público que está hace tiempo por encima del bien y del mal guardara un silencio que la mayoría interpretaremos como una cautela para no perjudicar a su partido. No soy quién para hacer previsiones sobre lo que puede ser el futuro del tripartito. Si soportó a un radical iluminado al frente, quizá la reedición aguante a un político anodino. El temor viene dado porque uno y otro, Maragall y Montilla, han favorecido la unión con un Carod-Rovira y un partido que la experiencia dice que puede salir por cualquier registro menos por aquél que infunda tranquilidad a los ciudadanos. Lo malo es que Montilla lo hace después de conocida una primera coalición con más agujeros que un colador, por la que se le han ido unos cientos de miles de votos al PSC. Ya nos dirán los sociólogos, con calma, el porcentaje de culpa de cada uno. En estas circunstancias, quizá el silencio de Felipe González, sin que llegue a ser una complicidad con lo que se pone en marcha, nos ofrezca la lectura de colocar los intereses del partido por encima de los del país. Incluso, de mantenerse, nos puede hacer pensar que la opinión del ex presidente es más severa de lo que pueda ser en realidad. Lástima que un personaje que, no obstante sus fallos, ha demostrado ser un hombre de Estado, no haya opinado como tal en una de las cuestiones más vidriosas que condicionarán la actividad política en España. Carod desarrollando el Estatut puede constituir una preocupación de primer nivel.