¿Es lluvia lo que cae sobre Galicia?

OPINIÓN

CUANDO se nos anuncia la marcha de alguna de nuestras grandes empresas, cuando otras que podían ir se van, cuando las eléctricas se reparten los beneficios de nuestro esfuerzo energético, cuando nuestro peso económico disminuye, cuando nuestras pensiones siguen siendo las más bajas, cuando nos informan de que los niños en los colegios reciben una alimentación desequilibrada, cuando Galicia salió en todos los medios nacionales por los incendios, las inundaciones, el brutal maltrato a un perro o por un niño que se murió de hambre; cuando el déficit democrático elude comisiones de investigación y ceses políticos, cuando las vacas ponen su mirada lánguida en un incierto futuro, no parece extraño que los ciudadanos lo perciban con inquietud. Y, cuando todo esto pasa, nuestros dirigentes políticos nos siguen sonriendo cada mañana en las fotos, por lo afortunados que somos y lo bien que nos ordeñan. Esta complacencia indebida es realmente lo que a mí me preocupa, porque pocas cosas son más nocivas para el progreso de una ciudad, de un pueblo o de un país, que la autocomplacencia en lo conseguido. Y pongo dos ejemplos. El primero se refiere a los Presupuestos del Estado. Aunque nos den más, nos confirman el arrinconamiento de Galicia. Con lo que recibimos no llegaremos a Madrid en AVE hasta no se sabe cuándo. En cambio, se aceleran las inversiones para adelantar plazos en el AVE vasco, y más aún para terminar las obras del tramo Valladolid-León-Gijón. Un trazado que unirá el puerto exterior gijonés y la plataforma logística del noroeste en León con Madrid antes de que nuestra fachada marítima quede unida por tren. Difícilmente podremos ganar en competitividad con una estrategia como ésta, porque una vez más seguimos quedando de últimos. Por otro lado, el descomunal despilfarro de la Ciudad de la Cultura sigue generando gastos desmesurados e innecesarios, que a lo mejor terminarán contabilizándose en esa partida de investigación y desarrollo ( I+D) con la que vamos a redimir Galicia. Cierto que la herencia era una locura, pero cierto también que se podía haber redimensionado. Además, si nuestra clase intelectual oficial no ha sido capaz de definir sus fines, mucho me temo que en Galicia los contenedores culturales superen los contenidos, lo cual no dejaría de ser una lamentable conclusión. Y por si fuera poco, ahora nos presentan un edificio de diseño carísimo para albergar dependencias de un servicio administrativo secundario. No sé si esta vez la percepción me engaña , pero esta Galicia real vuelve a recordarme aquella que yo creí superada: «Mexan por nós e decimos que chove». ¿Mexarán por nós?