Condenados a la horca


UN TRIBUNAL iraquí, cuya imparcialidad ha puesto en entredicho Amnistía Internacional, ha condenado a morir en la horca -un sistema de ejecución seis semanas menos arcaico que la inyección letal- al ex presidente de Irak Sadam Huseín por la matanza de 148 chiíes en 1982. Junto a esta primera figura del crimen organizado, muy admirada en el cielo por Al Capone, aquella hermanita de la caridad que operaba en Chicago, han sido también juzgados siete de sus antiguos colaboradores. De estos siete sabios de Irak, dos han sido también condenados a muerte. Ante estas sentencias de muerte, como ante cualquier otra de las muchas que se dictan en el mundo -la pena de muerte está vigente en 83 países-, hay que decir lo evidente. Y el presidente del Gobierno, con su buen castellano de León, ha dicho lo evidente con una litotes, una figura retórica que ya utilizó en una ocasión Jorge Valdano al hablar de un corte de pelo surrealista que se había hecho Ronaldo.El presidente del Gobierno ha dicho que la Unión Europea no es favorable a la pena de muerte y también, utilizando el lenguaje exaltado que usamos con los amigos, podía haber dicho: la Unión Europea se opone a la salvaje pena de muerte. Si lo pensamos bien, este juicio es correcto porque, cuanto más atrás nos remontamos en el tiempo, hallamos más países que han acogido criminalmente en sus leyes la pena de muerte. Desde este punto de vista, es justo calificar a nuestros antepasados de salvajes porque el Estado, que nunca debe ejercer la venganza de sangre, dictaba penas de muerte. Y también es, pues, justo calificar de salvajes a los 83 países que todavía dictan penas de muerte. Entre estos Estados salvajes hay que incluir a Estados Unidos, un campeón invencible a la hora de ejecutar vilmente reos. Esta forma de hablar -salvaje, vilmente- se sitúa en las antípodas de la litotes -que en griego significa ausencia de asperezas- y que, como hemos visto, pone en práctica Zapatero. El uso de esta figura retórica que instaura en el lenguaje la atenuación del discurso es muy recomendable para políticos, deportistas, empresarios, profesores, alumnos, padres de familia, proxenetas, navajeros del último día, Camorra napolitana y, como dice Jaime Gil de Biedma en su poema En el día de hoy , para «la afición en general». Cuando, hace ya algún año, Ronaldo se hizo un célebre corte de pelo, que le sentaba como un tiro no bueno (litotes) a puerta, le preguntaron a Valdano qué le parecía aquella deforestación capilar y respondió con una litotes (que otros pronuncian lítote): no me gusta mucho. Al oír la sentencia Sadam Huseín ha exclamado: «¡Allahú Akbar!» («¡Alá es grande!»). Como las agencias de información han dado el texto en bilingüe es, sin duda, una buena ocasión para empezar a estudiar árabe.

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