CABALGA por las ondas radiofónicas gallegas una campaña publicitaria en la que, en formato de cuña, se dice hasta dos veces por pieza que la «Vicepresidencia de Anxo Quintana» va a hacer o va a acontecer. Hasta donde yo he escuchado, es una campaña para nuestros mayores, aquéllos a los que el líder nacionalista sacaba a bailar en las fiestas de verano y ahora canta excelencias en sus oídos sobre el buen futuro que les prepara. La primera vez que escuchas una de esas cuñas, puedes hasta cabrearte. Parece que alguien patrimonializa la Administración, piensas, porque la Vicepresidencia sólo es de la Xunta o del Gobierno autonómico, no de esta o aquella persona que la desempeñe interinamente. O que está intentando utilizar recursos públicos no ya para vender una acción del Ejecutivo, sino de una persona en concreto, que de ese modo podría mejorar su caché electoral. Terminas por restarle importancia al tema, porque ¿quién está legitimado para privar a Quintana de darse el gustazo de decirle a los mayores que es él quien les va a construir residencias, habilitar centros de día, contratar geriatras en cantidades industriales y todo cuanto se les antoje? Él, y no Touriño, por ejemplo, que es de otro partido. Si en definitiva lo de Quintana es lo que vienen haciendo casi todos los políticos desde la noche de los tiempos, aunque no sabemos de ninguno que hasta ahora tuviera su ingenio de hacerlo en cuñas personalizadas. En este tiempo de pensamiento débil, más que de pensamiento único, ¿por qué no aceptar que es mejor que los políticos nos tomen el pelo como él, a pecho descubierto, y no trampeando bajo cuerda? A lo peor tenemos que hacerle un homenaje por su limpio gesto, en este caso pagando también nosotros.