Del ladrillo al contador

OPINIÓN

21 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EN LOS últimos años, con la caída de los tipos de interés, muchos ahorros depositados en los bancos han buscado multiplicarse en el sector inmobiliario. Esta fuerte demanda, junto a la derivada de un abaratamiento del préstamo hipotecario, ha alimentado la que hemos dado en llamar «economía del ladrillo» con sus emergentes emporios (ACS, Sacyr, Fadesa...). Las ganancias o revalorizaciones eran exponenciales -como los precios- y poco o nada tenían que ver con los costes de la edificación, la competencia o la productividad del sector. El factor clave estuvo siempre en la -llamémosle- perspicacia para anticiparse e intuir metros urbanizables donde un común mortal vería sólo un pedregal. Estos grandes -y pequeños- emporios necesitaron siempre de una logística financiera que los bancos y cajas no dudaron en alimentar. En esos mismos años dos bancos (BSCH y BBVA) y dos cajas (La Caixa y Caja Madrid) se habían quedado con la mitad del poder financiero español. Con una competencia digamos que de baja intensidad, encontraron en aquellos nuevos capitanes de empresa los negocios que habían escapado por los depósitos, así como a un tumulto de hipotecados de por vida. Y se convirtieron en sus prestamistas: intereses por dividendos del ladrillo. Todos batiendo récords. Como se anuncia un fin de ciclo constructor, toca protegerse mutuamente y diversificarse. Para eso nada mejor que la «economía del contador». Unos y otros conocían ya bien el maná de los peajes en autopistas... y quieren reacomodarse en otros mercados cautivos: la electricidad, el gas (la antes pública Endesa, Fenosa, Iberdrola...), o los surtidores de carburantes (la privatizada Repsol). Y, como antes, los cuatro grandes grupos financieros reparten juego. Si bien se mira, no hay en todo esto más que capitalismo de demandas cautivas y/o reguladas por el Estado. Capitalismo de amiguetes, que diría el nobel Stiglitz. Desde una perspectiva general, me parece preocupante este enroque de los grupos más poderosos del capitalismo español en servicios (bancarios, vivienda y de suministros) en buena medida al margen de la competencia en mercados abiertos y basados en una complaciente -¿será quizás patriótica?- regulación pública. Desde una perspectiva gallega, creo que el lector tiene ya la prueba del algodón. Primero, un gran banco orquesta la compra de Fadesa (con 22 millones de metros cuadrados de suelo) por Martinsa (con algo más de 3 millones de metros). Segundo, otro gran banco prefiere pasarle su parte en Fenosa a un campeón español del ladrillo (también cofinanciado por La Caixa) que a un campeón mundial de algo tan prosaico como la confección (Inditex). ¿Y las cajas? A un amigo le contaron un sueño del que era conselleiro de Economía de la Xunta allá por 2010: «Teníamos una gran Caja en Galicia -semejante a Caja Madrid o la Caixa- que además detentaba el control de un Banco y se acompasaba a la estrategia del IGAPE... Cierto que no llegaba al 9% que La Caixa supone en el sistema español, pero casi alcanzaba el 4%». ¡Qué cosas más aburridas sueñan los futuros conselleiros!