El general sincero y la chapuza en Irak

OPINIÓN

EL GENERAL del Reino Unido, sir Richard Dannatt, expresó hace unos días al Daily Mail que «las tropas británicas exacerbaban los problemas de seguridad de Irak y que, por lo tanto tendrían que retirarse pronto». Por si fuera poco, añadió que «la planificación para después de la ofensiva inicial estaba más basada en el optimismo que en una planificación sensata». Semejantes comentarios no sólo revolucionaron al país isleño sino que provocaron una sacudida en su principal aliado, Estados Unidos. Nombrado el pasado agosto como jefe del Estado Mayor británico, Dannatt tuvo que ser defendido en público por el primer ministro, Tony Blair, quien, manifestó que sus declaraciones habían sido sacadas de contexto, y que apoyaba totalmente el fondo de sus comentarios, puesto que la postura de su Gobierno era la de salir lo antes posible de Irak una vez rematado el trabajo. Siguiendo la tónica de las declaraciones del general, los coroneles Tim Collins y Bob Stewart, antes destacados en Irak, refrendaban sus palabras, mientras algunos políticos criticaban «la libertad y ligereza» con la que un militar comentaba un asunto tan delicado. Sin embargo, la opinión generalizada del público británico es que Dannatt simplemente estaba diciendo la verdad sobre una intervención precipitada que nunca consideró las dificultades derivadas del desmantelamiento total de las fuerzas de seguridad autóctonas ni la sangría que el conflicto entre suníes y chiíes, mantenido bajo control durante décadas de dictadura, provocaría en una población incapaz de recuperarse de la destrucción bélica en un marco de violencia continua. La situación de las tropas extranjeras en Irak es precaria. El desánimo flota entre los soldados y la impotencia entre los mandos. Eso es lo que pasa cuando se hace una chapuza: se intenta tapar un problema pero sólo se logra que surjan muchos más.