IGNORO por qué han cambiado tanto las cosas. Recuerdo que partíamos de la premisa de que ETA estaba acorralada y el mundo batasuno tenía una prisa enorme por encontrar una salida que no significase la derrota total de la banda terrorista. Por eso se produjo el alto el fuego permanente de ETA: porque las cosas pintaban mal para los escopeteros. Y el presidente Zapatero, que sin duda tenía mejor información que nadie, dio algunos pasos a fin de que los batasunos confiasen en un proceso de normalización en el País Vasco que llevase hacia a la paz, con la inexcusable extinción de ETA. Así estaban las cosas. Pero algo debe haber cambiado cuando ahora parece que es la ilegalizada Batasuna la que no tiene ninguna prisa, ni siquiera por legalizarse, mientras que el presidente del Gobierno es el que se impacienta o parece tener más urgencia. Pero ¿no habíamos quedado en que este iba a ser un proceso «largo, duro y difícil»? Es como si este mensaje sólo se lo hubiera creído Batasuna, y a su modo. Nos aproximamos a unas elecciones municipales y los batasunos no demuestran tener prisa por cumplir los requisitos para presentarse. De hecho, aparenta que es el Gobierno el que tiene más interés en que concurran, quizá porque ello supondría que antes habrían tenido que aceptar el juego democrático, con pleno respeto al Estado de derecho. En cualquier caso, no parece normal la insistencia de Batasuna en que todo está estancado (sin reconocer su culpa, por cierto), mientras que el Gobierno insiste en que todo avanza de acuerdo con la hoja de ruta prevista. Es normal que la ciudadanía elija fiarse del presidente del Gobierno y, aunque no siempre entienda sus mensajes, prefiera creerle a él antes que a los encapuchados. En este punto no debiera haber dudas. Pero, si se percibe un asomo de impaciencia, esa misma ciudadanía tiene derecho a preguntar por qué. ¿Qué pasa si los batasunos no arreglan sus papeles y no pueden presentarse a las próximas municipales? Si a ellos no les pasa nada, al resto de España tampoco. Si el proceso está estancado por culpa de Batasuna, las prisas de los demás carecen de sentido. Porque dos no avanzan si uno no quiere. Y entonces hay que darle tiempo al tiempo.