Luna de hiel

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

16 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

CANCÚN es una lengua de arena con Benidorm edificado encima, a lo bestia, rodeado de un mar de película entre azul añil y turquesa. No sé dónde leí que el mundo había progresado porque todos podemos ir de vacaciones al Caribe, como antes sólo hacían los ricos. Muchos españoles han cumplido su sueño de meterse en el pez metálico y volador de un avión y plantarse en el Caribe, en Cancún o en Punta Cana, en México o en la República Dominicana, para olvidarse de todo durante una semana. Cruzas el Atlántico, te colocan una pulsera en la muñeca y disfrutas de sol, piscina, playa, restaurantes temáticos y copas, todo incluido. Estás encerrado y protegido del mundo cruel y real de México o de Santo Domingo por las compañías hoteleras o por una cerca electrificada para mantener a los indeseables a raya. Pero ese mundo, en el que se devoran unos a otros para sobrevivir, tiene el hocico ahí fuera. La mordida está próxima y pilló de lleno a Ana María y su marido. La culpa es de un Estado donde la gente se muere de hambre, al pairo en las calles. Un país donde un pinche pendejo se puede cargar el sueño de una peluquera de Arcade con la siembra de unas balas y un detonador en una maleta. Cruzas el Atlántico para ser una princesa por unos días y te despiertas en la enfermería de la cárcel acurrucada en el colo de tu madre coraje, que ha volado para pasar la pesadilla junto a ti, como sólo saben hacer las madres. La reacción mexicana para corregir el error ha sido lenta, ineficaz, el ritmo de un país donde la pobreza es una enfermedad común. Aquí tenemos gripe. Allí no tienen un céntimo. A los canallas no se les puede poner bozal. La historia de Ana María nos ha sobrecogido a todos, porque nos podía haber pasado a cualquiera de nosotros. Increíble, luna de hiel. cesar.casal@lavoz.es