Diagnóstico grave y efecto placebo

OPINIÓN

14 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

SI A UN paciente se le diagnostica una enfermedad grave el tratamiento suele ser real, y suministrado a dosis inicialmente altas. Se ha observado, no obstante, que en algunos casos el enfermo que recibe un tratamiento ficticio -un placebo-, y para sorpresa del que está al tanto, puede presentar una cierta mejoría. Desde luego entre los menciñeiros cunqueiranos el surtido de esta farmacopea era espectacular. Viene esto a cuento de que, no habiéndose aplicado a la economía gallega en el último año -que se sepa- un tratamiento real y distinto, en medidas y dosis, a los suministrados por el equipo médico-económico anterior, la razonable mejoría de este año 2006 podría ser el resultado de un efecto placebo... Pero antes de continuar, convendría aclarar: ¿El paciente -la economía gallega- que nos dejó el anterior equipo, tenía o no una enfermedad grave? Acaba de publicarse el Anuario Económico de España 2006 en un resumen de apenas 40 páginas (que puede consultarse en detalle en www.estudios.laCaixa.es/anuarioeconomico . Pues bien, en esas pocas páginas se seleccionan un pequeño grupo de indicadores para evaluar la salud de todas las autonomías y ciudades. Gravedad máxima: Galicia no aparece -y ninguna de sus ciudades- en las tablas de los mejores en ningún indicador. Por el contrario, se nos nombra con demasiada frecuencia en lo negativo. En la variación de la población, Galicia es segunda por la cola, y cuatro de nuestras ciudades (Ferrol, Santiago, Ourense y A Coruña) aparecen en el grupo de las 25 peores de España. En el 2005 éramos la tercera comunidad con mayor paro registrado y tres de nuestras provincias se situaban entre las diez con mayor paro registrado sobre la población. En incorporación de nuevas tecnologías éramos la región con menor aumento de líneas ADSL, y cuatro de nuestras ciudades (A Coruña, Ferrol, Pontevedra y Vigo... ¡casi nada!) estaban entre las veinticinco de España con menor incremento. Mientras nuestro peso poblacional en España se situaba en el 6,3% (y en caída libre) nuestra importancia turística estaba en el 3,1% del total español. No tenemos el consuelo de que el informe esté concebido para exagerar nuestro diagnóstico negativo. No, nuestra situación es objetivamente grave en el contexto español. Y si esto es así -y en ausencia de un tratamiento de choque reconocible- el buen clima y los indicadores que reconfortan al nuevo equipo médico-económico ¿serán un efecto placebo? Por si las moscas, convendría arriesgarse, si se comparte el diagnóstico grave y la dificultad de la curación, a entrar en materia cuanto antes: en los presupuestos de la Xunta para el 2007 por ejemplo, en el inmediato PEDEGA, o en las reformas en la financiación, ejecución y control del gasto de todas las administraciones públicas. Porque si el diagnóstico es el que es, la cosa, más que de paños calientes, pulsiones sociales y planes encadenados como muñecas rusas, debiera ir de borrón (¿para qué cosas?) y cuenta nueva (a concretar). No vaya a ser que se desvanezca el efecto placebo y nos encontremos con un paciente igual de desmejorado en los siguientes anuarios de La Caixa.