LAS ÚLTIMAS noticias acerca del posicionamiento de nuestras grandes empresas en el mercado introdujeron una atmósfera de desesperanza, tal vez un poco exagerada porque a estas alturas ya deberíamos tener asimilado que en la economía global el nivel de incertidumbre se ha incrementado notablemente. En teoría lo repetimos, en los papeles también, pero cuando nos toca parece como si el mundo se cayera abajo. Esta misma situación indica que nuestras empresas están posicionándose bien en el nuevo contexto global y que por eso los cambios globales nos afectan más, aunque ello implique asumir más riesgos. Para mitigarlos debería estar nuestra propia política económica, anticipándose a los riesgos, y la fortaleza de nuestro sistema financiero. El giro de las acciones de Fadesa, cuya valoración final aún podría sorprendernos favorablemente, se une al culebrón de Fenosa, que ya no era nuestra desde hace muchos años, y ahora a un Calvo que ya operaba más desde Madrid que desde aquí. Asimismo, el cambio de saga familiar en la cúpula de Citroën y el obligado cambio de la filial gallega (por jubilación) puede introducir nuevas incertidumbres, máxime por tratarse de un sector fuertemente aquejado por la deslocalización y por la competencia. Hace tiempo que sabemos que esto puede ocurrir, y también que la alternativa de los países más avanzados es progresar en actividades de conocimiento, en innovación productiva, en diseño industrial, en márketing y en ese amplio conjunto que forma un cuaternario empresarial cada vez más global. No podemos seguir pensando que el futuro está en nuestra potencia industrial de primera transformación, donde ya es mucho poder mantener los centros de decisión; el objetivo debe orientarse hacia incrementar el potencial de investigación e innovación de las empresas, los procesos de producción final y la internacionalización de nuestra economía. De momento los dos motores funcionan bien en esa dirección la cuestión es si podrán mantenerse así y si en caso de avería tendremos capacidad anticipatoria para diseñar unos nuevos. Algunas esperanzas se perciben, tanto en el motor coruñés como en el vigués, pero en ambos la batalla de las modernas infraestructuras terrestres, aéreas, portuarias y sobre todo ferroviarias demandan más generosidad del Gobierno, que hasta ahora estuvo más interesado en primar nuestras posibles regiones competidoras que a nosotros. Cambiar esta posición sí que es tarea de la Xunta, y no otras milongas. Tal vez estemos cerrando un ciclo, en todos los sentidos, pero no sé si la mayoría de nuestros agentes políticos y sociales serán capaces de anticiparse a la apertura del siguiente. Nuestros empresarios, nuestras sociedades de la nueva economía algo van haciendo, incluso más de lo que aparece, pero por lo que vamos viendo no sé si los políticos de turno sabrán anticiparse a las nuevas circunstancias.