El error de Ratzinger

| JUAN GÓMEZ-JURADO |

OPINIÓN

BENEDICTO XVI acaba de comprobar por la vía dura que su libertad de expresión es limitada. El ciudadano Ratzinger puede tener las opiniones político-religiosas a las que su gran cultura y su avanzada edad (será octogenario en abril) le han hecho acreedor. Pero, ay, por la boca del obispo de Roma hablan mil millones de cristianos, y eso deja poco margen de error para temas tan suculentos como la satanización del islam. Entre los numerosos representantes de la cultura, la política y los más importantes sectores del mundo islámico medianamente informados -léase aquí que lean un periódico de tirada internacional con relativa frecuencia- es sabido que el Papa ha sostenido con firmeza la causa de Palestina y el Líbano, ha criticado con dureza la política materialista de Occidente contra Asia y África, ha criticado «la provocación innecesaria de las caricaturas de Mahoma» y ha fomentado con intensidad el diálogo entre religiones. Hasta ahí, todo correcto. Pero el desliz del pasado martes, citando un diálogo del siglo XIV en el que se afirmaba la naturaleza violenta del islam, es imperdonable. Puede que no pasase de mera retórica, de equívoco o de circunloquio desafortunado. ¿Quién no los tiene? Pero el error de Ratzinger no puede admitirse, ya que una multitud de ojos escruta a diario las páginas de los diarios en busca de madera que arrojar al fuego de la dialéctica tramposa, que condena al otro bando por inmoral, intolerante, fanático y toda la serie de lindezas que los occidentales hemos aprendido -equivocadamente- a ver en los islamistas y viceversa. Por eso el Papa ha rectificado con rapidez y humildad el error de Ratzinger, en un intento de desactivar la más que previsible escalada de violencia en Oriente Próximo, que por otro lado haría más que ciertas las palabras de las que se ha desdicho. Veremos si la disculpa tiene el mismo eco que la metedura de pata, aunque mucho me temo que no será así.