El Parlamento

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

15 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

NO APRENDEMOS. No hay propósito de enmienda. De las palabras a los hechos transcurre el lugar que se ocupa en cada momento. Lo que es dogma de fe democrática en la oposición, se vuelve fortaleza impositiva desde el Gobierno. La catástrofe del Prestige dejó mal parados a dos gobiernos, a dos parlamentos, a las instituciones europeas. Todos juntos y por separado mostraron incompetencia para prevenir y para controlar un problema cuya posibilidad de repetirse es directamente proporcional al número de buques que doblan el cabo de Fisterra. El Parlamento no quiso investigar, pero lo hizo la prensa. Las autoridades perdieron el tiempo en echarse la culpa unos a otros, pero la sociedad se puso el buzo y solidariamente limpió el litoral de chapapote. Con el cambio político teníamos razones para esperar otras actitudes. El cambio no puede ser sólo de personas y siglas. Necesitamos otro estilo y otras conductas en la vida pública. Necesitamos un Parlamento que investigue cada vez que hay una catástrofe, para que la sociedad confíe en la cámara de todos, para que aprendamos lo que se debe o lo que no se debe hacer para evitar y controlar la secular plaga gallega de los incendios forestales. Lo que el Parlamento no investiga, aparece colgado en Internet. Lo que el Parlamento no sanciona, lo hará la sociedad en las calles. Lo que los dirigentes políticos de nuestra Galicia no indagan en el Parlamento, es causa de monólogos preñados de acusaciones en ruedas de prensa dirigidos a provocar secreción de bilis de la ciudadanía contra la clase política, contribuyendo una vez más a su desprestigio. La cuestión del fuego, a la gallega, que mostró la cara más nefasta de nuestra comunidad de Breogán, dejará preguntas cuya respuesta, en el espacio de las dudas, resulta vergonzante para el país.