COMO a estas alturas de la vida el que más y el que menos sabe leer, analizar e interpretar, no es necesario que se esfuercen en dar explicaciones. Sabemos perfectamente, hasta ahí llegamos, qué quería decir el PP de A Coruña en el documento que hizo llegar a sus alcaldes, instándolos a que demorasen la constitución de las brigadas contraincendios. Todos sabemos lo que significa una estrategia «baseada na dilación». Y sabemos lo que supone impartir órdenes encaminadas a obstruir y retardar las acciones de gobierno. Además, por si no lo tuviésemos claro, ayer mismo el líder de los populares gallegos, Núñez Feijoo, admitió que desconocía la existencia del escrito y que éste contenía algún párrafo o línea de los que él prescindiría, por poco afortunados. Feijoo, en un ejercicio de sinceridad y honestidad, trató así de apagar el fuego de una polémica que puede acabar dañando seriamente la credibilidad de su partido. No ha sido este documento el mejor certificado de garantía del compromiso de los regidores populares en la lucha contra los incendios. Por mucho que ahora se empeñen en explicarnos qué quería decir la señora Faraldo, que es quien lo firmó. Por eso no es necesario que los populares expliquen qué decía el documento, como han intentado obsesivamente en los últimos días y como les vienen exigiendo sus opositores, en un intento por disimular las torpezas y desaciertos de la propia Administración en la lucha contra el fuego. Pero sí nos interesa conocer otras cuestiones, que conviene que queden suficientemente aclaradas. Por ejemplo, si ésta es la estrategia que van a seguir en cuantas iniciativas ponga en marcha el Gobierno gallego. Si el partido controla las salidas de tono de sus dirigentes o, lo que es lo mismo, si alguien manda en el PP de Galicia. Y, de paso, decirnos cómo es posible que se les ordene a los alcaldes populares que antepongan los intereses de partido a los de los ciudadanos.