¿Y POR qué tenemos que aguantar esto? ¿Por qué tenemos que soportar que un asesino terrorista monte en el juzgado el espectáculo que le interesa? ¿Por qué tenemos que escuchar cómo llama «cabrón» a un juez, cómo le amenaza, cómo vocifera, cómo patea? No, no tenemos por qué soportarlo. Sin embargo, este tipo de escenas son cada día más frecuentes en la Audiencia Nacional. Hemos visto a procesados que coceaban como mulas contra el cristal blindado. Hemos visto los gestos de chulería y menosprecio del criminal que fue capaz de disparar en la cabeza de Miguel Ángel Blanco. Y ayer, el etarra Iñaki Bilbao nos ofreció lo que algunas emisoras calificaban como «el documento del día»: la insolencia de ese terrorista que desafiaba con palabras y gestos al presidente del tribunal. Ya está bien. Esos tipos son reptiles que se aprovechan de la generosidad del Estado de derecho y sus instituciones. Quieren aparentar la valentía del matón de barrio, después de haber asesinado por la espalda. Saben que ni ese juez ni ningún otro va a enfrentarse a ellos, porque ni su trabajo ni su dignidad se lo permiten. Tienen la garantía de que, por crueles que sean y por muchos delitos nuevos que cometan, no pasarán en prisión ni un día más de lo previsto por la ley. Pueden amenazar lo que quieran, que los policías los reducirán, pero sin hacerles ningún daño. Y amparados en eso, su sueño de futuro es que sus compañeros de causa, sus simpatizantes de taberna y potes los jaleen y los reciban un día entre ikurriñas, al grito de «¡qué huevos le has echado, Iñaki!». Y tenemos que aguantar todo eso. Los derechos humanos, el respeto a las leyes, la cortesía, la dignidad que nos diferencia de los criminales, nos obligan a soportar todo eso un día y otro, incluido que llamen «fascista» a un servidor público que aplica leyes democráticas incluso cuando le duele. No tengo muchas dudas: cuando un tipo como ése asegura que seguirá en la lucha armada «hasta que muera o le maten», y lo dice precisamente ahora, cuando Zapatero anuncia el comienzo de conversaciones exploratorias, está actuando de correo de un sector de su banda al que trae sin cuidado la pacificación y desprecian la política de mano tendida. Son visionarios totalitarios, para quienes los demás somos seres indeseables que merecemos siete tiros o que nos arranquen la piel a tiras. Son terroristas vitalicios, cargados de odio, sin síntomas de reflexión ni arrepentimiento. Lo que hemos visto ayer no fue una persona. Fue una bestia disfrazada de persona. Cuando se selle la paz, si se llega a sellar, tenemos que contar con que esos tipos existen. Y debemos saber lo que están dispuestos a hacer, si alguien pone una pistola en su mano.