Qué raro todo

OPINIÓN

25 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

SUPONGO que llegaré esta tarde. Nunca se sabe, y esa imprevisibilidad forma parte de la gracia cosquilleante del viaje. A la ida perdí la conexión en Fráncfort, y tengo bastantes boletos para que me ocurra lo mismo en Múnich hoy, a la vuelta. Casi me apetece. Una paradita en Múnich, sin maleta que arrastrar, puede tener su aquel. Y además, facilita la transición de los veinte días de montañas y barroco a la prosa vulgar que producen -según leo en la edición digital - Lendoiro y otros prohombres. Una señora me preguntó en Steinz, con auténtica cara de pena, si procedía de Galicia. Le dije que sí e intentó decirme algo consolador. Seguramente, viendo nuestros incendios en su telediario, pensó que si los austríacos se quedaran sin el treinta por ciento de su bosque necesitarían mucho consuelo. No le dije que sus bosques están limpios, quizá un poco demás: a veces el paisaje parece peinado y lavado de buena mañana, sometido en exceso. Tampoco le dije que no había visto un solo eucalipto -tan amigo del fuego que lo provoca- en cientos de hectáreas pateadas. Ni le conté nada sobre la ausencia de políticas para hacer atractiva la vida en el mundo rural, exitosas en Austria: excelentes comunicaciones siempre expeditas, incluso en los peores meses del invierno; transporte público, acercamiento de toda clase de servicios, puestos de trabajo industriales a mano, inversión en paisaje y turismo y desinversión en agricultura, etcétera. Se trata de cambiar el enfoque punitivo, que es el fácil y el que peor funciona, por una orientación incentivadora, creativa, que resulta en un medio rural apetecible, sin casas abandonadas ni eucaliptos ni incendios. Pero habrá que volver a Lendoiro y a los pirómanos. Como si estuviéramos locos. Qué raro se ve todo en la distancia. pacosanchez@lavoz.es