Vivir de milagro


EL LAMENTABLE accidente ferroviario de Villada ha reavivado entre los comentaristas de actualidad la reclamación de un transporte público digno y seguro. El ferrocarril, además de seguro, es barato, y de este tipo de cosas estamos muy necesitados en Galicia, país de milagros y de contradicciones, país de despilfarros. Aquí se observan muchas cosas que no se entienden fácilmente. No se entiende cómo se ha desatado la ola incendiaria de las pasadas semanas. Pero tampoco se entiende cómo la comunidad con las pensiones de jubilación más bajas de España y con una renta disponible por ciudadano relegada al cuarto lugar por la cola de las comunidades españolas es también el territorio en el que más crece el precio de la vivienda, el que paga más caros los combustibles (en quinto lugar de España), el que más cobra por los terrenos rurales, el de tarifas hoteleras más costosas. Una reciente encuesta de la OCU decía incluso que A Coruña es la ciudad española en la que más caro está el pescado. ¿Estaremos pagando ahora las toneladas de cariocas ilegales y casi gratuitas que nos comimos desde el año 56? Este es un país de milagros, pero el patrón milagrero de estas últimas décadas no sabemos bien si será un santo o un demonio.

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