AÚN no se ha firmado el alto el fuego en el Líbano cuando ya han empezado a hacer cálculos de lo que va a costar la reconstrucción de todo lo destruido. El propio Gobierno de Beirut ha hecho un llamamiento a las empresas internacionales de construcción para que aporten hierro y cemento en ayuda humanitaria. Se calcula que serán necesarios unos 50.000 millones de dólares, según la BBC. Lo curioso es que esta operación está siendo rápidamente aprovechada por Hezbolá, que retorna a la zona sur, ocupada por Israel, en forma de pacíficos civiles que hacen la señal de la victoria alegremente. ¿Dónde habrán dejado los misiles? Además de que su líder, el jeque Nasralá, ha afirmado que no van a desarmarse, está la cuestión de que el presidente libanés Siniora ha desplegado en el sur 15.000 soldados, en su mayoría chiíes. Dentro de unas semanas la ONU enviará una fuerza internacional. No será una misión sin riesgo, porque el Líbano se puede convertir en otro Irak, donde la guerra se continúe a base de atentados. Vamos a confiar en que los islamistas de Hezbolá, que forman parte del Gobierno libanés, acepten la reconstrucción en vez de fomentar la destrucción del Líbano. Ese país, ahora en ruinas, podría constituir un ejemplo para Palestina, también en ruinas, si Hamás siguiera esa tendencia de reconstruir en paz.