Incendios y equilibrio territorial

| JAVIER GUITIÁN |

OPINIÓN

EL DEBATE actual generado por la ola de incendios forestales que ha arrasado Galicia en los últimos días es sin duda positivo, si dejamos al margen las inevitables disputas políticas. Analizar el operativo contra incendios, las políticas de prevención o las implicaciones ecológicas o penales de estos fuegos, son cuestiones necesarias en las que la única crítica que cabe hacer es si debieron plantearse con anterioridad. Sin embargo, lo verdaderamente útil para quien lo quiera ver es, en mi opinión, que estas dos semanas nos han enfrentado a la realidad de un país que en las últimas décadas ha abandonado el espacio rural para concentrar a la población en áreas altamente urbanizadas, generando un fuerte desequilibrio territorial y una pérdida de valores que son suficientes para explicar lo ocurrido. Se ha dicho más de una vez que la transformación del mundo rural, la despoblación y abandono de la vida en el campo constituye uno de los fenómenos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Esta transformación lleva consigo la pérdida de los valores propios del mundo rural, caracterizado por que se conoce, se valora y se cuida el entorno. En mi opinión, el traslado de la población a áreas urbanizadas ha supuesto la pérdida de estos valores y la incorporación de otros que permiten la identificación con el nuevo entorno urbano. Así las cosas, tres cuartas partes de nuestro país se encuentran semidespobladas, con servicios insuficientes y políticas agrarias erráticas, mientras que el resto está conformado por un territorio altamente urbanizado, salpicado de plantaciones de especies foráneas y poblado por ciudadanos que, fruto de la ideología de las últimas décadas, consideran negativos los valores propios de la vida rural. Cualquiera de las dos partes es un polvorín. La solución es sin duda compleja y se basa obviamente en la educación. Como señala la socióloga Xulia Varela, la tarea de dinamización del mundo rural pasa por políticas respetuosas con el desarrollo sostenible, por la formación de técnicos e investigadores educados en el respeto a nuestra cultura que sepan conjugar tradición e innovación y, en definitiva, por la incorporación a la educación pública de los valores que permitan coexistir distintas formas de cultura, de economía y de vida. Desde luego el camino que llevamos no es el adecuado; mientras se cierran los centros escolares de la montaña lucense -por ejemplo en Lóuzara y Zanfoga en O Cebreiro-, en uno de los municipios costeros de la misma provincia se han visado este año 3.000 nuevas viviendas, ¡vaya equilibrio territorial! Termino. Hace algunos días recorrí caminando con unos amigos el territorio que va del límite de Asturias a O Caurel por los concellos de Navia de Suarna, Cervantes, Nogais, Triacastela, Lóuzara y O Caurel. En nuestro trayecto atravesamos algunos valles con uso agrícola intensivo, caminos en buen estado y un patrimonio biológico muy valioso, frente a otros en estado de absoluto abandono, con plantaciones ridículas, pueblos deshabitados y escuelas cerradas. Les aseguro que no hacen falta instrumentos de alta tecnología para saber qué valles arderán.