Ciegos ante el bien y el mal

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

EL MINISTRO del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha comentado la detención de un incendiario o pirómano en Ourense calificándola de «arquetípica» de lo que está sucediendo en Galicia. Es un modo de hablar que nada tiene de preciso. Si una detención es arquetípica, lo será de ella misma y de su modo de producirse, pero no de lo que suceda a su alrededor. Si el ministro del Interior habla de esa manera con sus semejantes, sus subalternos y jefes, es muy probable que viva en un mundo de gente con las manos a la cabeza e impregnada de estupor. Cabe suponer, ya digo, que el ministro quiere decir que al ser el detenido un miembro de las brigadas contraincendios de la Xunta, su detención corrobora en cierto sentido la tesis de las tramas incendiarias propuesta de tan mala manera por la ministra Narbona, dama que no goza de mejor don de la palabra. En cualquier caso y sea como sea, lo cierto es que necesitamos casi desesperadamente -o sin casi- que sea cierta la teoría de las tramas. En esta brutal tragedia del fuego, somos los personajes en busca de una trama que dé sentido, aunque sea un sentido criminal, a lo que aún no ha dejado de ocurrir a nuestro alrededor. Porque si no encontramos un sentido para la causa del dolor, entonces será que esa causa del dolor es tan sólo una manifestación del azar de las cosas, de lo absurda que puede llegar a ser la naturaleza y de lo grotesco e inútil de nuestros aspavientos para controlarla. Si la razón última de estos incendios es una razón únicamente y tan sólo natural, entonces nos veremos abandonados, desnudos e inermes ante la mueca más torva del destino. Con todo, eso no sería lo peor. Los hasta ahora detenidos se dividen entre disminuidos psíquicos, incendiarios que se callan y unos cuantos jóvenes que, según dicen, se lo pasan estupendamente quemando bosques. Uno de los policías del Ministerio del Interior adscritos a la Xunta de Galicia ha señalado que «ya el año pasado hubo más de 50 incendios causados por jóvenes que lo hacían como una forma de divertirse». Uno de los jóvenes detenidos estos días obligó a que le mostraran un incendio desde un helicóptero bajo la amenaza de seguir incendiando bosques en cuanto se viera en libertad, algo que, bajo la normalidad de las cosas, es una cuestión de días. Esos jóvenes que tan bien se lo pasan viendo la danza de las llamas son el resultado de una crianza o de la falta de una crianza. En cualquier caso, y sea como haya sido, la cuestión verdaderamente dolorosa y altamente peligrosa es que son gente incapaz de distinguir entre el bien y el mal. Gente que no sabe lo que hace. Y al no saber lo que hace y no distinguir entre la bondad y la maldad de sus actos, pueden acabar con sus padres, con sus madres y con nosotros el día menos pensado.