IMPOTENCIA y rabia. Ambos sentimientos pasan por la mente de los gallegos cuando observan las lamentables actuaciones en Galicia. Este nuevo tipo de terrorismo que son los incendios supone para Galicia la misma lacra que fue ETA para el País Vasco. ¿Por qué no existen similares incendios en Euskadi, a pesar de los grandes paralelismos en orografía, paisaje y clima? Conviene distinguir entre pirómano y terrorista incendiario: uno quema por puro placer (cual Nerón en Roma), el otro es profesional de este vil oficio, y utiliza las más sofisticadas técnicas. Los ciudadanos estamos impotentes ante tal barbarie, pero no debemos estarlo ante nuestros políticos, llámense Touriño-Quintana, Rajoy o Narbona. Como contribuyentes, pagamos para mantener Administraciones duplicadas: ayuntamientos, diputaciones, autonomías y Gobierno central, y el poder civil gallego no puede permanecer inerme ante hechos de este calibre. Debemos exigir que nuestros administradores públicos persigan, detengan, juzguen y encarcelen a los autores y beneficiados. Si los incendios acechan a la verde (o más bien roja) Galicia, es por los grandes intereses económicos: de los que prenden la mecha y de los que se benefician a posteriori. El pasado año tuvimos el dudoso honor de encabezar el ránking negro de incendios por comunidad autónoma, con 2.857. En lo que va de agosto, además, ya hay tres víctimas mortales, y miles de turistas cancelan sus vacaciones en Galicia, ante la incertidumbre de lo que pueda pasar. El verde bosque animado de Wenceslao Fernández Flórez se ha transformado en un monótono paisaje de abrasivo eucalipto. Recuperar el bosque autóctono, con especies como robles o castaños, primar económicamente la inexistencia de fuegos, prohibir durante varios años la explotación de un terreno quemado, y penas de cárcel para los autores, son medidas de punto final a los incendios. Señores Touriño y Rajoy, la gravedad de los hechos exige un pacto de Estado, porque máis que nunca, basta ya de terrorismo incendiario.