Ante un nuevo «Prestige»

OPINIÓN

A DÍA de hoy ser pirómano en este país es un chollo. De los buenos. La Voz descubría ayer que no llegan al cinco por ciento los incendiarios detenidos que acaban cumpliendo penas de cárcel. A usted, y también a mí, se nos ocurre aparcar en el carril bus y se nos cae toda la artillería encima. No digo nada si nos fumamos un cigarrillo en la intimidad de nuestro despacho. Nos tratan como si acabásemos de atracar el Banco de España. Pero, mire por dónde, los que plantan fuego a los montes, parece que se van librando del castigo. Y por ahí hay que empezar. Por colocar a los pirómanos que están acabando con nuestras vidas y con nuestro futuro en el único lugar que les corresponde, que no es otro que la prisión. Lo que los gallegos estamos exigiendo ahora mismo, mientras sollozamos viendo cómo se nos llevan nuestros montes, es que quienes han provocado esta catástrofe paguen sus culpas como las pagan los más atroces delincuentes. Retirándolos de la vida diaria en la que, por lo visto, no saben ni pueden estar. Pero hasta ahora nunca hemos sido capaces de hacer pagar a los culpables por sus acciones. Siempre nos hemos refugiado en que los gallegos somos así. Tan despistados que se nos caen las cerillas encendidas donde no deben. Y tan malvados que nos vengamos del vecino quemando el monte, que además del vecino es de todos. Pero ese discurso ya no sirve. Lo que nos está ocurriendo va mucho más allá. Quizás no nos estemos dando cuenta, pero sufrimos una de las mayores catástrofes de nuestra historia reciente, incluida la del Prestige . Y como hicimos entonces, exigimos un castigo implacable. Y justicia. Que tampoco es mucho exigir. Para que lo de ser pirómano deje de ser un chollo.