Masa explosiva

OPINIÓN

06 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

RECIENTEMENTE prologué un libro con una cita prestada: «Los agricultores de las antorchas -hace más de 20.000 años en Australia-­­ quemaban el bushland siguiendo ciclos regulares. Uno de sus objetivos era impedir que se acumulara material combustible que pudiera alimentar más tarde incendios mayores y más peligrosos». Me temo que en Galicia, desde mediados del pasado siglo (1960), hemos abandonado un sistema tradicional que evitaba la acumulación de material combustible en nuestros montes (ya arbolados, ya leñosos o de matorral) y no lo hemos sustituido por ningún otro. Y cuando a un sistema rural de uso no lo sustituye otro, entonces tenemos abandono, ausencia de cuidados, el monte como basurero... acumulación de material combustible, de masa explosiva. El único uso activo -la obtención de madera- arrastra un derrumbe de sus expectativas cuando no por precios, por plagas o por un apetecible uso inmobiliario en la franja litoral. En suma: no existe ningún uso (para leña, abono, energía, madera, pastos, cultivos cíclicos, etcétera) que implique a la población rural para evitar la acumulación de material combustible en dos de los tres millones de hectáreas de nuestra superficie. Tenemos así un problema estructural y cíclico que alimenta una catástrofe ambiental y social sin precedentes. Cierto que hacen falta además una y mil chispas, en verano y con nordés, para que la masa explosiva del abandono nos reviente en la cara. Pero sólo es más de lo mismo: son conductas que serían imposibles en un medio rural implicado e interesado en su monte. Cegueras que serían insólitas cuando se disputa un linde o un derecho de agua. Imposibles si hubiese sociedad rural interesada. Conviene asumir que hoy por hoy no la tenemos. Sólo tenemos un no pequeño dispositivo de detección-extinción (avionetas, helicópteros, cisternas) que moviliza cerca de cien millones de euros y unos cientos de empleos. Este sistema nos puede dar unos años de aparente calma, con muchos pequeños incendios, siempre que cada año gastemos más en él... pero el cáncer seguirá esperando arrollarnos en la primera ocasión. Frente a esta estrategia de contención creo que sólo hay otro camino lento, prolongado y costoso para recorrer: implicar a la población rural en la retirada de ese material combustible. En todos los montes, arbolados o no. Y pagarlo entre todos tal como ya hacemos para que nos lleven a Sogama nuestra basura y así evitarnos un problema ambiental no menos gigantesco. Se obtendrían con esa biomasa fertilizantes, electricidad... Creo que es hora ya de que en las factorías de la Sociedad Gallega del Medio Ambiente (eso, Sogama) entre cada vez una mayor parte de ese material combustible de la limpieza de nuestros montes. O lo pagamos por la puerta de adelante y entre todos... o el fuego y el monte nos llamarán por la puerta de atrás. O lo quemamos con unas modernas antorchas donde a nosotros nos convenga o nos lo quemará, más tarde o más temprano, algún predecesor mental de los agricultores de las antorchas. Eso sí, con coche.