HAY UNOS cuantos -no pocos- observadores que consideran el reciente comportamiento defensivo de Israel como una «reacción desproporcionada». Son observadores que suelen tener muy en cuenta, y casi por encima de todas las cosas, las causas y razones que motivan los comportamientos terroristas, de manera que para esos observadores a los que me refiero, los actos terroristas y sus secuelas de muertos inocentes en Nueva York, Madrid, Indonesia, Londres, Bombay, etcétera, jamás son calificados como acciones desproporcionadas. Podrían ser la respuesta a un estado de cosas, pero no serían una respuesta desproporcionada. Ese recurso a la desproporción de las cosas encierra grandes e imaginativas posibilidades en el análisis de lo que pasa. Así, por ejemplo, cuando el Partido Socialista de Euskadi propone -y se queda tan ancho- como condición previa a la Mesa de Partidos habilitada a favor de Batasuna, el establecimiento de una serie de acuerdos sobre el funcionamiento de la mesa de marras, sobre su composición, presidencia y formación de mayorías, de donde uno puede caer en que están hablando de algo muy parecido a un Parlamento, y dar en pensar que si la mesa de marras se compone como un Parlamento, si tiene una presidencia como un Parlamento y se atiene a un juego de las mayorías como un Parlamento, entonces es que es un Parlamento. Es ahí donde entra la desproporción, pues parece notoriamente desproporcionado regalar a Batasuna un Parlamento. Bien mirada, la proposición del PSE quizá no resulte tan desproporcionada si se le juzga en el ambiente de otras desproporciones cuidadosamente articuladas desde la Moncloa. El Gobierno de Rodríguez Zapatero acaba de culminar una serie de piruetas susceptibles de ser vistas como desproporcionadas, y que tienen que ver con su implicación en un conflicto de Iberia con sus pilotos -formados mayoritariamente en el Ejército del Aire, donde todo se forma a partir de lo que paga el contribuyente-, a los que se les ha asegurado que seguirán dentro de la nómina de la compañía aérea, en la tranquilidad de sus empleos y en la cuantía de sus sueldos. Esa implicación del Gobierno en un conflicto coyuntural se ha visto plenamente acompañada por su implicación en un conflicto tan estructural como el de los trabajadores de RTVE. A unos cuantos miles de éstos, el implicado Gobierno les ha dicho que se van a quedar fuera, si bien con todas las garantías que les serán introducidas oportunamente por donde tengan a bien acordar con sus respectivos sindicatos. Hay que señalar, por otro lado, que éste es un país tan desproporcionado como para que resulte normal que, en época de sequía, la cofradía marinera de Vallecas -hermanada, no se vayan ustedes a creer que es tontería, con la cofradía marinera Virak, de Vilagarcía de Arousa- compre 60.000 litros de agua potable, sin que nadie se lo impida, para gastarlos en la muy lúdica actividad de mojarse los unos a los otros como si jamás se hubieran mojado. No conviene olvidar que el festejo se celebra en solidaridad con el Sáhara, y bajo el lema Mójate por el Sáhara. Es decir, desproporcionados pero majos. Gilipuertas, pero pensando en el prójimo.