NO SE trata del título de ningún péplum prerrománico o nacionalista, aunque la odisea de los gallegos cada vez que vuelan sea homérica. Los continuos retrasos, «huelgas de celo» soterradas, e incidencias más que frecuentes de los vuelos de Iberia a nuestra comunidad dan lugar a varias reflexiones: que Iberia pretende a medio plazo utilizar como única plataforma uno de los aeropuertos, que todos ellos están infradotados, y que ante la escasez de aviones o tripulaciones la compañía prima otros trayectos frente a los de Galicia. La gestión de la compañía se ha deteriorado en los últimos años, con huelgas encubiertas, falsos secuestros aéreos, o la reciente salida de su director general, Ángel Mullor, sustituido por Enrique Donaire. Sin embargo, esto no debería ser óbice para que su presidente, o la Dirección General de Aviación Civil, sepan que algunas de las más importantes empresas españolas, como pueden ser Inditex, Fadesa, Pescanova, Caixa Galicia, Coren, Caixanova, Banco Pastor y La Voz de Galicia, tienen su sede en tierras gallegas. No sólo se trastorna a los ejecutivos que vuelan con la otrora insigne empresa aérea, sino que se perjudica la imagen de toda una comunidad autónoma, que pretende erigirse en plataforma turística y lugar de atracción para millones de visitantes. Curiosamente, una de las ciudades gallegas, la de A Coruña, financia la publicidad de los reposacabezas que lucen los asientos de sus aviones. El anónimo pasajero gallego es el mejor conocedor del significado de delayed. También son los avezados y disciplinados pasajeros gallegos los que demuestran su excelente forma física cada vez que Iberia los sitúa para el retorno en los más alejados puntos de la terminal. La que fuera bautizada como «non grata», la ministra de Fomento Magdalena Álvarez, es parte responsable del desaguisado aéreo de Iberia y Aena hacia los aeropuertos de A Coruña, Santiago y Vigo. La pasada semana, Iberia suspendió varios vuelos a Galicia y el viernes retrasaba otros, sin razones lógicas ni transparentes. Esa misma falta de lógica es la que muestra el SEPLA. El sindicato de los conductores de aviones, ante el temor que representa para el estatus de oro de sus pilotos el nacimiento de la compañía de low cost Catair, ha vuelto a actuar perjudicando a más de 200.000 indefensos pasajeros, turistas y empresarios de toda España. Las nuevamente injustas reivindicaciones de los pilotos cayeron por su propio peso al pretender trabajar con la estabilidad de funcionarios, pero con sueldos de ejecutivos. Se les olvida que Iberia es un una empresa privatizada, y que los contribuyentes no pueden ser la espalda que mantenga a una compañía mal gestionada. Por todo ello, al presidente Emilio Pérez Touriño, «distraído» con el Estatuto gallego, le convendría retomar el pulso a las verdaderas preocupaciones de los gallegos. Y los alcaldes y las corporaciones deben de empezar a defender unos aeropuertos de otras dimensiones y con otras tecnologías. En vísperas de comicios municipales, los pasajeros gallegos provocarán -sin duda- el aterrizaje forzoso de más de un candidato a regidor municipal. Los aeropuertos son causa y consecuencia del despegue de nuestra comunidad. Por eso, no pueden producirse más desprecios.