LUÍS VENTOSO | O |
10 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LAS LIGAS de peñas y de veteranos te permiten prolongar tu vida futbolística cuando ya caminas hacia el planeta Viagra. En estas intensas competiciones es normal que los jugadores anden más sobrados de lengua que de fuelle. Si pasas de los 40 (y te soplas una cajetilla de Ducados y seis cañas al día), no puedes ir de Ribéry: se imponen el pase largo y el trote a lo Tristán. Sin embargo, la capacidad de tocarle la zanfoña verbalmente al contrario se conserva intacta. El arte de calentar al rival evocándole a su parentela se conoce en el fútbol de peñas como «piar». Momento óptimo para la piada son los córneres: te sitúas detrás del central rompedor que te está abrasando y le susurras una sobrada. Cualquier peñista avezado sabe que eso es medio gol: agresión inmediata del ofendido, penalti y expulsión. Zidane se forjó como futbolista en las aceras de los suburbios duros de Marsella. Tiene 34 años y está de vuelta de todo. Y sin embargo, cayó como un pipiolo en la añagaza de Materazzi. La patada fina, el codazo bajo, la piada y la pérdida de tiempo forman parte de las señas de identidad del calcio . Marco Materazzi, consecuente con tan gloriosa tradición, se percató de que el diez francés se estaba saliendo y le caldeó la oreja. Zizou embistió con su cachola. En un segundo, el mito del héroe bonachón se hizo añicos. Zidane no era el santurrón zen que nos pintaban: en el Mundial 98 pisoteó en el suelo a un saudí y en su carrera ha visto 18 rojas. El cabezazo fue un acto reflejo de lo que mamó en la escuela brava del arrabal. Pero en la era digital no cabe la intimidad: ahora las útiles marrullerías de barrio se proyectan urbi et orbi en pantalla gigante. Zidane tenía pies de barro. Pero Chirac se arrima al opio del pueblo y quiere beatificarlo. Italia, con la Liga más corrupta del mundo, trinca la copa dorada. Amnistía para los tramposos. La ley no va con el circo.