El vértigo

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

04 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EL LUNES, el vértigo. Todo el vértigo. Te sentiste fatal. La noche fue un camarote vacío. No acertabas con el sueño. El periódico era un lago de tinta negra, oscuro, oscurísimo. El vértigo es inestable. Vivir es inestable. No hablas del vértigo de las alturas. No. Era el vértigo de estar hundido, el vértigo subterráneo, de la derrota en el metro de Valencia. El vértigo del que se ahoga y sólo puede chillar el grito del silencio. El vértigo, sin palabras, sin caricias. Dolor. El vértigo de una cometa subterránea arruinada por la ausencia de vientos. El vértigo de la velocidad que no suma, que sólo resta. Hay días, noches, mañanas, tardes, medias horas, en las que es mejor cerrar los ojos y dejar que corra el agua de las noticias heladas. Dejar que la bañera de la actualidad se llene de sangre. Ofrecer a los vampiros de la primera página el cuello. No luchar contra lo imposible: las fotos del horror, servicios de emergencias, niñas en brazos, vidas rotas. (En recuerdo de las víctimas de Valencia, muertos bajo tierra. Gastamos el dinero en mil cosas y no en mantener las infraestructuras que creamos. Crecemos de forma monstruosa. Deprisa, más y más, para llegar a ningún sitio. Queda llorar). cesar.casal@lavoz.es