Bienvenido, Garzón

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

03 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EL AGITADO teatro nacional ya tiene un nuevo actor en escena. No requiere más presentación que ésta, al estilo de los viejos espectáculos: señoras y señores, con ustedes Baltasar Garzón. No hace falta referirse a sus grandes actuaciones anteriores. Sólo necesita, quizá, enmarcarlo en su labor previa al año sabático que ha disfrutado: él ha sido el hombre que, con la ley en la mano, desenmascaró todo el entramado de ETA y descubrió su tinglado financiero y sus redes ocultas internas. Sin su trabajo posiblemente no hubiera sido posible aplicar la Ley de Partidos a Batasuna y declararla organización terrorista. Por todo ello mereció el calificativo de «valiente». Pero han cambiado los tiempos y las circunstancias, y del juez Garzón se esperan ahora otras actuaciones. Al contrario que Grande-Marlaska, se aguarda de Garzón que actúe de otra forma: que, sin renunciar a nada, nadie le pueda decir que entorpece el proceso negociador que Zapatero ha puesto en marcha. ¿Ilusión vana? No lo sabemos. De momento, se encuentra sobre la mesa con decisiones que adoptó su antecesor: prolongar por dos años más la prohibición de que Batasuna desarrolle ninguna actividad pública, seguir con urgencia la investigación de las extorsiones económicas, y aplicar la teoría del fiscal general del Estado, que consiste en diferenciar los derechos personales de ciudadanos como Arnaldo Otegi de los derechos quitados a la organización ilegal de la que Otegi es portavoz. Levantar la prohibición de actividad de Batasuna me parece imposible: se puede hacer la vista gorda, pero no autorizar lo que otro juez ha prohibido en función de una sentencia previa del Tribunal Supremo. La investigación del chantaje del llamado impuesto revolucionario tampoco se puede cerrar en falso, porque se trata de un delito tipificado y de gran repercusión social. Eso significa que no se puede suspender. Lo único que podría hacer Garzón sería ralentizarlo. Aquí la expresión clave es esperar el «momento procesal oportuno»; es decir, el momento en que las posibles detenciones no perjudiquen las acciones políticas en marcha. Visto eso, lo único que se puede esperar del imprevisible Garzón es lo dicho: la doctrina del fiscal general sobre los derechos personales y los de Batasuna. Y eso significa que no se prohibirían los actos públicos de Otegi, siempre que no se hagan formalmente en nombre de Batasuna. Y tendría una repercusión especial en la reunión que Patxi López tiene prevista con ese ciudadano. Creo que eso es todo, de momento. Sólo puedo añadir una curiosa coincidencia: todo lo más grueso del proceso empieza con el retorno de Garzón. Y dicen los viejos del lugar que, en política, jamás ocurre algo por casualidad.