Perdón otra vez

OPINIÓN

QUIZÁ lo más duro de la semana fue la actitud de los etarras acusados en el juicio por el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Una muestra de arrepentimiento, siquiera leve, hubiera actuado como esa pomada que alivia las quemaduras graves. Cabía al menos el disimulo, la ocultación de la falta de conciencia. Pero tampoco estaban dispuestos a regalarnos esa minucia a través de una contención expresiva que salvara la decencia. Al revés, optaron por alardear y presumir de lo que habían hecho, decidieron adoptar una actitud despectiva frente a la familia de la víctima y frente a todos nosotros. No sólo renunciaron al arrepentimiento -por otra parte, tan poco de moda-, sino que se envilecieron todavía más al añadir dolor al sufrimiento. Diré algo polémico: yo, sin embargo, no pienso renunciar al perdón. Como dice Pedro de Miguel ( http://www.bestiario.com/letras ) el arrepentimiento es su problema, el perdón, sin embargo, es el nuestro. Perdonar sin renunciar a la justicia, perdonar a gente así nos hace grandes. Su falta de arrepentimiento los hace pequeños. Ya sé que esto no se entiende, pero no puedo dejar de decirlo hoy, cuando más obsceno parece. pacosanchez@lavoz.es