TRES condiciones, tres, como las hijas de Elena, son las impuestas a Hamás, y ninguna, como aquéllas, es buena. Por lo menos lo suficientemente buena como para que la organización radical haya modificado en algo el ideario político que defiende desde su aparición en escena con la primera Intifada de 1987. Y es que el grupo parlamentario palestino, ganador en las últimas elecciones, ha preferido mantener su postura, condenando al hambre a su gente, antes que dispersar su milicia, cumplir los compromisos suscritos por la Autoridad Palestina con Israel y, por supuesto, reconocer al Estado judío. A Hamás le da igual que 165.000 funcionarios públicos, que se dice pronto, lleven ya más de tres meses sin cobrar un céntimo -salvo los más pobres, que sí han recibido parte del salario de un mes- con tal de no claudicar. Como consecuencia de este empecinamiento que ha provocado una grave crisis económica a miles de familias dependientes del único salario del cabeza de familia, el enfrentamiento entre Al Fatah, el partido del presidente Abu Mazen, y Hamás, el del primer ministro Ismael Haniya, se ha traducido en la lucha armada de los partidarios de ambos bandos en las calles de los principales enclaves palestinos. Haciendo un flaco favor a su causa y reforzando la postura israelí, los palestinos han demostrado, una vez más que son incapaces de ponerse de acuerdo en una cuestión de la que depende su supervivencia. Al final, afortunadamente, la presión ha logrado que Haniya anuncie la retirada de sus milicias para unirse a la policía, aunque, eso sí, sine díe . La guerra civil no declarada que enfrenta a los islamistas con los nacionalistas tiene más un trasfondo económico que ideológico. La larga trayectoria de corrupción de Al Fatah ha irritado tanto a los humildes que no han dudado en apoyar a Hamás por sus actividades caritativas y sociales. Sin embargo, como siempre ocurre, la ayuda de Hamás sólo ha sido un cebo para obtener el poder en Palestina y así extender su causa fundamentalista, no para conseguir la pacificación que tanto necesita su país.