¿En qué país vivimos?

OPINIÓN

04 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LA SEMANA pasada fue muy intensa en todos los órdenes. Se había celebrado el debate sobre el estado de la nación, y las tensión entre el PP y el PSOE había subido a límites desconocidos. Zapatero y Rajoy ya no ocultan un desencuentro personal que, en vez de caracterizarlos como antagonistas institucionales de una democracia avanzada, los asimila a jefes de tribu en los bosques de Tasmania. La idea de que la violencia organizada está bajo control acababa de ser desmentida por el terrible asesinato de Ponteceso, al que habían precedido otros episodios similares en Madrid y Andalucía. Los planteamientos para el diálogo con ETA habían cambiado radicalmente en los primeros días de la semana, a pesar de que el PP y el PSOE habían hurtado su debate al Congreso de los Diputados. Y en Cataluña acababa de iniciarse la campaña para el referéndum del Estatuto, de cuyo resultado pende una parte significativa de la política nacional. En el plano internacional, las islas Canarias se habían inundado de cayucos, y todos los intentos de llevar a cabo repatriaciones mediáticas y tranquilizadoras habían terminado en fiasco. En Irak se anunciaban nuevos crímenes de guerra en un conflicto sin control. Desde Afganistán nos llegan preocupantes indicios de regresión política y violencia militar. En Irán -el único país que puede librarse de las invasiones salvíficas de la Casa Blanca- siguen enriqueciendo uranio. En Indonesia se reponen de los sucesivos terremotos. Y en la inmensa España de color rosa, capaz de viajar a su aire por los océanos de la historia, sólo había sitio para la muerte y transfiguración de Rocío Jurado. En todo esto reflexionaba, sobre las nueve de la noche del sábado, cuando se me ocurrió poner el telediario de la primera. Quería saber si la UE seguía adelante, si había estallado la tercera guerra mundial, si Rajoy le había enviado los padrinos a Zapatero, si se había abierto el expediente de canonización de la Jurado, si ETA había vuelto a asesinar o si Cataluña había proclamado su independencia. Pero TVE, atenta siempre al interés general de los españoles, abrió su principal informativo con la noticia de que nuestra gloriosa selección de fútbol andaba por Elche para enfrentarse a Egipto en un partido amistoso. ¡Impresionante! Por lo que supe más tarde, el partido fue como de costumbre, ¡ni chicha ni limoná! Pero yo tomé dos determinaciones irreversibles. La primera, ponerle una vela a San Cucufate -que está enterrado en Santiago- para que nos despachen de Alemania cuanto antes y nos dejen vivir en un país real. La segunda, conectar directamente con Salsa rosa . Porque entre la pájara de Raúl y la herencia de Rociito, prefiero saber de la segunda.