LA TIERRA de los guerreros conserva la sustancia musulmana. Debajo de expulsiones, asimilaciones, repoblaciones. No es sólo la proximidad a África, el desgajamiento remotísimo de la península. Basta la sensación del clima, la flora, la avidez de oro incoloro, más vital que el negro. No, no fuimos a Marbella, descabezada. Pero vimos el inverosímil hotel del Algarrobico, como una marea vertical desembocando en la mar nada nostra. Para mayor inri, unas letras gigantescas en un muro perjuran: «Legal 100%». Otros algarrobicos menores, sobre calas recatadas, se perpetraron impunemente. Ahora mismo están haciendo un campo de golf encima de una rambla. Tras el esplendor aún latente de la Alhambra, y el milagro de la Alpujarra a pie del Mulhacén rey de todas las montañas peninsulares, a la sombra perdurable de don Geraldo, Gerald Brenan, el inglés de Yegen autor de Al sur de Granada , libro tan esclarecedor como El laberinto español , nos preguntamos si ocho siglos de predominio, un emirato dependiente, luego independiente, y todo un califato, no dan derecho a reivindicar la realidad nacional, pues ¿puede llamarse reconquista a algo que duró ocho siglos?, según recordaba Ortega, siempre en el centro de la diana. Llegaron en el siglo VIII, y no en pateras.