SI EL líder de la oposición no se presenta en el debate sobre el estado de la nación como alternativa creíble ante el electorado para sustituir al presidente del Gobierno en ejercicio, podemos decir que pierde una oportunidad de oro. Si el presidente del Gobierno utiliza la táctica de atarse el balón al pié para que no se lo quiten y no correr así riesgo de que le metan algún gol, podemos decir que aumenta su credibilidad en el cargo y las posibilidades de mantenerse en él. Lo positivo del debate ha sido que casi por primera vez se habla con un cierto fundamento en el Congreso de la cuestión central que nos traemos entre manos los españoles: cómo organizar la convivencia con las personas que vienen de otros países a buscarse la vida en el nuestro. Cómo regular su entrada y cómo hacer los deberes para que resulte una integración armónica, que ahorre problemas añadidos a los inherentes al proceso. El Gobierno y el PP no llegaron a grandes acuerdos, pero dejaron claras sus posiciones, y más o menos se comprometieron a seguir hablando del asunto. Menos mal que Rajoy ha dicho que entran infinitamente más inmigrantes por la frontera de Francia que en cayucos, a ver si el fondo norte mediático del PP se entera de una vez y matiza un poco sus posiciones. Aunque no hay que abrigar muchas esperanzas, lo primero que ha hecho el cruzado de la onda de los obispos ha sido arremeter contra Rajoy de una forma que se diría que el líder del PP es poco menos que maoísta. Si el lenguaje corporal aporta mucha información, y la aporta, la sensación que dio Zapatero fue de estar incluso un poco sobrado, gustándose en la suerte, recreándose cada vez que ensartaba una frase que él pensaba que era eficaz... profetas, desastre, profetas. Rajoy añadía a sus tics habituales alguno más que podía denotar no sólo irritación: también aburrimiento o hartazgo. Da la sensación de que no entiende cómo estando cargado de razón y con tantos flancos débiles de Zapatero, las encuestas no le corroboran esa superioridad. El hecho de que no se hablase de terrorismo, cuando en otras ocasiones el asunto fue casi monotemático, certifica que había un pacto entre Rajoy y Zapatero para que así fuera, algo que desmentía con vehemencia el fondo norte mediático del PP. Veremos lo que pasa en este terreno, pero la urgencia de los socialistas vascos por reunirse con la ilegal HB no me gusta nada.