Vendo riñón, buen precio

| JOSÉ RAMÓN AMOR PAN |

OPINIÓN

29 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EN UN futuro inmediato, éste podría ser el título de más de un anuncio en prensa de prosperar la tesis de Gary S. Becker, enunciada en un interesante trabajo de 54 páginas, accesible en su web . Este economista norteamericano opina que deberían introducirse incentivos monetarios para incrementar la disponibilidad de órganos para trasplante. Como todos sabemos, el mayor factor limitante en la actividad trasplantadora es la falta de órganos, de tal manera que con frecuencia muchos enfermos mueren mientras están esperando que les toque la vez. No debe ser nada fácil, ni para el enfermo ni para sus familiares, pero tampoco para los médicos que lo están tratando, ver cómo pasan los días y uno sigue en la lista de espera, agotándosele las posibilidades de supervivencia. Angustia, miedo, impotencia. Uno daría lo que fuese por poder solucionar el problema del hijo, el cónyuge, la madre¿ Tradicionalmente se ha entendido que la donación era la mejor manera de garantizar un reparto justo y equitativo. Nuestro autor viene a enmendar esa tradición. Vaya por delante que no se trata ni de un impetuoso jovencito (nació el año 1930) ni de un cualquiera (es profesor del Departamento de Economía y Sociología de la Universidad de Chicago y recibió el Premio Nobel de Economía en 1992). Becker sostiene que la economía no es más que un enfoque para observar y comprender el mundo, y no un tema limitado a la asignación o intercambio de recursos materiales y monetarios. Cuando un economista observa una brecha persistente entre la oferta y la demanda, como es el caso, concluye que hay obstáculos para equilibrar el mercado. Y en el tema que nos ocupa, los obstáculos son la falta de incentivos. La venta de sangre y de órganos humanos está prohibida en casi todo el mundo, pero seguirá creciendo mientras los pacientes adinerados del primer mundo continúen viajando al tercer mundo para conseguir órganos de donantes pobres a cambio de dinero. Y los hay en gran número en países como India, Sri Lanka y Pakistán. Levantar esa arcaica prohibición, nos dice, haría que el mercado de órganos fuese transparente y eficiente. Tengo mis dudas al respecto, no creo que el mercado sea una panacea. Como casi no me queda espacio, lo único que quiero añadir es que no seamos hipócritas en el debate, porque ya funciona un mercado encubierto en lo que se refiere a óvulos y semen para fecundación artificial.