Hace hoy 100 años los hermanos Orville y Wilbur Wright, de Dayton, Ohio, recibieron la patente número 821.393 de la Oficina de Patentes de Estados Unidos. En ella figuran los planos y las especificaciones técnicas de la máquina con la que tres años antes habían conseguido volar.
21 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El sueño de volar es muy antiguo. Ícaro, hijo de Dédalo, intentó huir de la isla de Creta con unas alas pegadas con cera a su cuerpo. Desoyendo el consejo paterno, se acercó demasiado al Sol, la cera se fundió, las alas se desprendieron y cayó al mar. Luego se perdió mucho tiempo tratando de imitar el vuelo de los pájaros con artilugios, de alas móviles, de lo más variopinto: aleteaban o planeaban un rato y acababan irremediablemente estrellándose en el suelo. El sueño de volar empezó a materializarse con planeadores (sin motor) de alas fijas. Los hermanos Wright (Wilbur, 1867-1912, y Orville, 1871-1948) también comenzaron con planeadores, pero tuvieron el tesón, la capacidad de trabajo, la inteligencia y la ilusión suficientes como para incorporar a su avión mecanismos de control de dirección y, lo que es más importante, un motor de automóvil como sistema de propulsión. Los Wright, que habían editado periódicos y vendido y fabricado bicicletas, actuaron como lo hacen los investigadores. Primero reunieron toda la información que les fue posible conseguir sobre aviación, con el fin de aprovechar el esfuerzo de sus predecesores. Sin embargo, encontraron una serie de datos erróneos que dificultaron el vuelo de sus primeros aparatos. Decidieron investigar por su cuenta. Construyeron un túnel de viento para estudiar las curvaturas de las alas, acoplaron sistemas de dirección cada vez más complejos y fabricaron un motor de cuatro tiempos más ligero que los de los automóviles. Con todo ello consiguieron, el 17 de diciembre de 1903, el primer vuelo con un aparato más denso que el aire. Orville Wright fue el piloto de este primer vuelo de un avión con motor, que estuvo en el aire unos doce segundos, en los que recorrió 37 metros. Estos datos pueden parecer ridículos, pero todos hemos aprendido a andar y después a correr, dando un tambaleante primer paso, que siempre acaba en el suelo. Lo importante es que al primer paso siga el segundo y a éste el tercero. Los hermanos Wright construyeron en 1904 su segundo avión, propulsado con un motor más potente. El éxito les llegó con su tercer avión, con el que consiguieron un vuelo de 38 kilómetros a una velocidad media de 61 km/h. Los Wright tuvieron la precaución de patentar su avión en Estados Unidos y la patente les fue concedida el 22 de mayo de 1906, hace hoy cien años. La patente no fue aceptada en Europa, porque los países querían proteger su industria. En relación con la patente sostuvieron una serie de pleitos con la industria americana, cuya solución final no vio el mayor de los hermanos. Muchos de los principios de la aviación se conocían en aquella época. La dificultad estribaba en materializarlos. El reto, iniciado por los hermanos Wright, era hacer volar una máquina más densa que el aire, dirigir su vuelo y conseguir un aterrizaje feliz. Los aviones se sostienen porque van colgados en el aire debido a la fuerza ascensional provocada por la diferencia de presión creada por la combinación de la forma del ala y la velocidad. El ala es curva por arriba y plana por abajo. Al moverse, se produce una diferencia de presión (menor en la parte superior del ala y mayor en la inferior) que origina la fuerza de ascenso. Para que el avión se sostenga, ha de moverse a una velocidad tal que la fuerza hacia arriba supere primero e iguale después a la fuerza de gravedad, dirigida hacia abajo. Los Wright fueron los primeros en lograrlo.