Cambios en la CIA

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

EN CIERTA ocasión, en Estados Unidos, tuve la oportunidad de contemplar por televisión la retransmisión del examen al que sometían en el Congreso al candidato del presidente Clinton para dirigir la CIA. Una mesa larga de seis congresistas sobre un estrado alto, y abajo, una pequeña banqueta para el candidato al que iban a dar un enorme poder. Los congresistas le hacían preguntas y el futuro jefe de la CIA las contestaba como podía. Una me llamó la atención: «Señor X, ¿Qué haría usted si le diera una información al presidente y este le dijese que no informara al Congreso?» Respuesta: «Eso no es posible». Pregunta: «Pero imagínese que le insistiera, ¿Qué haría usted?» Respuesta: «Me marcharía del país». Ahora, el presidente Bush acaba de nombrar un nuevo jefe de la CIA que imagino seguirá el mismo trámite. Es el general de la Fuerza Aérea Michael Hayden, quién dedicó toda su vida a los servicios de inteligencia, donde ganó la confianza de Bush desde su último cargo como segundo jefe de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), que dirige el embajador Negroponte. Este organismo fue creado recientemente para coordinar los quince servicios de inteligencia que funcionan en Estados Unidos, es decir, la nación más poderosa de la tierra, que ejerce gran parte de su poder a través de los canales de información. Pero un cargo tan importante, tiene que ser confirmado por el Senado y entra ya en el debate político, con un general por medio. De esta forma, republicanos y demócratas en un año de elecciones, han encontrado en la candidatura del general Hayden una base para la lucha política. Los antecedentes del candidato no gustan. Parece ser que autorizó el control telefónico de una serie de personas para obtener información; mientras que sus defensores dicen que es el ideal para poner orden en la desmoralizada CIA, con los temas del 11-S e Irak. Así pues, el presidente Bush tiene difícil su liderazgo político, no solo en el exterior, también en casa. Lo que considero ejemplar, es la retransmisión por televisión del control del Congreso a un candidato propuesto por el presidente.