| O |
12 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.UNO de cada tres niños que nace en Europa lo hace fuera del matrimonio. Es una media, claro, que sitúa a España un poco por debajo y a Suecia bastante por arriba, ya que por el norte más de la mitad de los críos que vienen al mundo son hijos de parejas que sólo se han comprometido entre ellos y a los que, se supone, la sociedad trata en igualdad de condiciones que a sus matrimoniados colegas. Porque en España, optar por la soltería con hijos sigue constituyendo un acto de fe en el sistema y una apuesta valiente por las convicciones propias; el sistema acaba fastidiándote y las convicciones languidecen amortiguadas por la pesada burocracia con la que se castiga a los que, paradoja, eligieron no burocratizar sus sentimientos. Un ejemplo: para el Ministerio de Hacienda, una pareja con hijos que no esté casada no constituye una unidad familiar -¿qué será entonces, dios mío?-, con consecuencias bastante gravosas en eso de las deducciones. La gente se busca, de hecho, soluciones muy imaginativas... y milagrosamente productivas. Veamos: pareja no casada con dos hijos -de ambos, claro- que se dispone a cumplir sus obligaciones ciudadanas con el fisco, que, como se ha dicho, no los considera familia. ¿Qué hacer con la declaración de la renta? Pues la madre se constituye en unidad familiar con uno de los críos; y el padre, con el otro. O sea, que en donde no había ninguna unidad familiar, acaban apareciendo dos, por la gracia de Hacienda...