Efectos balsámicos del vértigo informativo

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

10 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS ESPAÑOLES estamos viviendo una sensación política contradictoria, en la que es difícil saber si todo está revuelto y a punto de descuajeringarse o si navegamos viento en popa a toda vela. Desde una perspectiva objetiva, tomando las noticias como datos, se acumulan varios temas preocupantes, que serían suficientes, cada uno por sí mismo, para provocar un debate de alta temperatura. Pero si adoptamos una posición más intuitiva, con la mentalidad típica del ciudadano corriente, también es verdad que España goza de una gran estabilidad, como si, al contrario de lo que sucede en Francia, ninguno de estos temas afectase a la gobernabilidad. Si hacemos un breve balance de situación, se nos ponen los pelos como escarpias. Al tiempo que afrontamos el proceso de paz en el País Vasco y atropellamos de mala manera las reformas de los estatutos de autonomía, mantenemos frentes abiertos en lo relativo a la política antiterrorista, al caso Bono -con todos sus antecedentes y consecuentes-, a la reforma de la Guardia Civil, a la creciente politización de la Justicia, al conflicto de las opas sobre Endesa, y a la larga crisis política e institucional de Cataluña. Mientras se predican las excelencias de la nueva normativa laboral, el conflicto del metal se desarrolla en Vigo con formas propias del tardofranquismo. En la política internacional -¿qué fue de Moratinos?- tenemos en puertas un nuevo debate sobre la Constitución Europea, las crisis de Irán y Bolivia, la difícil continuidad de nuestra presencia en Afganistán y el agravamiento del conflicto iraquí. Y para condimentarlo todo aparecen las presuntas estafas de Afinsa y Fórum Filatélico, el recrudecimiento de la violencia de género, la catástrofe humanitaria de la inmigración y el repunte del tráfico y consumo de drogas y botellones. ¡Impresionante! Pero la bolsa bate récords. El euro compensa los precios del petróleo. El crecimiento de nuestra economía asombra a Europa y anuncia empate técnico con Alemania para el 2008. Y la sociedad española funciona como un maravilloso humus político en el que se reciclan, a modo de vivificador estiércol, todos los desechos que se generan en tan mediocre panorama político. Y así se llega a esta portentosa contradicción en la que, después de constatar la existencia de una situación objetiva de crisis, no queda más remedio que aceptar que estamos viviendo en el paraíso terrenal. Por eso resulta explicable que todas las críticas hechas sobre problemas concretos y aislados, que no tengan en cuenta los balsámicos efectos del talante y la relajación, suenan a puro catastrofismo. Porque un pueblo, cuando decide ser feliz, no reconoce obstáculos.