Maragall tiene la palabra


EL NO al Estatuto de ERC encierra muchos oportunismos: es un no al grueso de la ejecutiva del PSC, cuya parte visible, y hoy dominante, es Montilla. No a quienes conciben la acción de gobierno como asunto con el que afrontar los problemas reales, aparcando avatares nacionalistas. No, porque, en esta acción, no cabe ERC. No permitir que avancen posiciones los Iceta, Manuela de Madre, Montilla, Corbacho, forma parte de su estrategia de supervivencia. No olvidemos que fue el furibundo nacionalismo español de Aznar lo que les dio relumbrón y votos.Además, optar por una revancha contra ZP por pactar con CiU les sale a cuenta. Por si fuera poco, para ERC el referéndum será como unas primarias. Un no, pues, hecho a medida. No cabe ya incidir en disparates y en la incapacidad o pocas ganas de Maragall de mostrar su autoridad. Sin caer en demagogias ni en futuribles de salón, conviene ahora tratar de vislumbrar algo del futuro inmediato. El tripartito nació como prueba piloto, en parte para echar a CiU, en parte porque el PSC no quiso aceptar otra derrota maragalliana, y en parte porque la supuesta izquierda en el poder en Cataluña favorecía a ZP en la campaña electoral que tendría lugar en España el 14 de marzo siguiente. Supuesta izquierda, porque quienes quieran saber ya saben que ERC responde a los intereses conservadores de las clases medias populares catalanas, las que se instalan entre CiU y PSC-IC, viscerales soñadoras de reaccionarios independentismos. La vida es tozuda y se empecina en no casar lo rancio con la modernidad que vendían Maragall y Zapatero. Además, aquel Gobierno, hoy cadáver, demostró, al instalarse de inmediato en el corte y confección del Estatuto, gran desprecio hacia los problemas de los ciudadanos y una altivez indefendible con la que maquillar la ignorancia de sus límites. Habrá elecciones en otoño y en el horizonte la posibilidad de un regreso del tripartito por «todos contra CiU». La excusa: una mala legislatura la tiene cualquiera. Pero si Cataluña quiere saber dónde está, al margen de la gran abstención y el independentismo, le corresponde al PSC el riesgo de cambiar de candidato. No pueden los partidos ejercer de Narciso e ignorar que a su sepultura se llevan lo poco que nos queda de democracia. Por higiene, a CiU debería corresponderle más tiempo en la oposición, y a ERC, un cursillo de democracia y modernidad. Maragall tiene la palabra.

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