VECINOS del partido judicial de Mondoñedo asistimos el viernes en esta ciudad al entierro de Carmiña Cunqueiro, hermana de Álvaro y muy probablemente la persona más decisiva en la vida del escritor. Tuve la satisfacción de estar con ella unas horas en las pasadas Navidades y, entusiasmado por la lucidez de sus 95 años, me extasié escuchando sus recuerdos de cuando un solitario Cunqueiro le leía trozos de Merlín e familia , ella sonreía divertida e incrédula, y el escritor hacía ademán de perseguirla como cuando eran niños. En esta hora de su muerte, ocurrida el pasado miércoles, es de justicia recordar el apoyo constante e infatigable que le prestó al escritor. Ella nunca faltó de su lado cuando él precisó de su compañía, ni en los años de Mondoñedo ni en los de Vigo. Fue hermana y amiga -y también consuelo y guía-. Por eso era tan grato oírle hablar de aquellos años «tan hermosos en el recuerdo», como ella decía. Porque Carmiña, cuya ventana daba a la mismísima fachada de la catedral de Mondoñedo, encarnaba el placer de evocar y revivir momentos idos. Por ello fue tan hermoso que me dijese cuando ya me iba: «Es muy bonito recordar. Me gusta mucho. Lo he pasado muy bien con usted». Gracias, Carmiña. D.?E.?P.