El 6 de mayo de 1840 se ponía en circulación en Gran Bretaña el primer sello postal. Hasta aquel día el porte de las cartas lo abonaba el destinatario, en función del peso y de la distancia, por lo que quienes las recibían empleaban diversos trucos para no pagar.
05 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El hecho que dio lugar a la aparición del primer sello ha sido recogido de diferentes formas, aunque el fondo es siempre el mismo. Cuentan que en 1835 el profesor Rowland Hill se hallaba de viaje por Escocia, cuando decidió hospedarse en una casa para descansar. Durante su estancia en la pensión, vio cómo un cartero entraba con una carta para la posadera. Ella la miró fijamente y luego le dijo al funcionario que no tenía dinero para pagar el porte y le pidió que la devolviera. Al escuchar esto, Hill se acercó al cartero, pagó el importe y entregó la carta a la señora, que cogió la misiva y la posó, sin preocuparse más de ella. Luego, se dirigió al profesor y le dio las gracias por su ayuda, pero le indicó que no debía haberse molestado, porque la carta estaba en blanco. La posadera tenía familiares que vivían lejos, y habían convenido que cada uno de ellos escribiría una línea de la dirección, y la receptora, al ver la letra, ya sabría que estaban bien, sin necesidad de quedarse con la carta y de pagarla. Este es el fondo de la anécdota, si bien hay quien añade otras cosas, como que en vez de venir en blanco, la misiva anunciaba una herencia de una importante suma de dinero ?500 libras esterlinas? y otros detalles más dispares, según la inventiva. Rowland Hill tomó nota de lo acontecido y pensó mucho en esa historia. Así, en 1838, publicó un folleto titulado La reforma del correo: su importancia y practicabilidad (Post Office Reform), que contiene la primera referencia a lo que hoy se conoce como sellos postales, aunque la idea del autor iba más bien encaminada a la edición de sobres franqueados, que hoy conocemos con el nombre de enteros postales. La teoría que Hill recoge en ese impreso no pasó desapercibida. No en vano, dio como resultado la formación de una comisión de la Cámara de los Comunes británica, el 22 de noviembre de 1837, a la que se encomendó estudiar los tipos y sistemas del franqueo postal. Dicho órgano se pronunció a favor de la propuesta de Hill, y en 1839 emitió una providencia por la que se autorizaba al Tesoro a fijar los tipos de franqueo postal y a regular la percepción del importe por anticipado. La aparición del primer sello estuvo precedida de un concurso, convocado por el Tesoro británico, en el que se invitaba a los ciudadanos a presentar diseños para los sellos, sobres y pliegos timbrados. En contra de lo que pensaba Hill, se presentaron más de 2.600 propuestas. A pesar de que ninguna se consideró apropiada para el uso, cuatro obtuvieron los premios establecidos, de cien libras esterlinas. Uno de los ganadores, Henry Cole, famoso reformista, fue quien ayudó a Hill a preparar los nuevos sellos y sobres timbrados, que reproducían la efigie de la reina Victoria de Inglaterra. Además, se decidió que el primer sello del mundo se pondría en circulación el 6 de mayo de 1840, que sería de color negro, y que tendría el valor de un penique. Aparte de la efigie de la reina, llevaba las palabras postage, en la parte superior, y one penny, en la inferior. No se consideró oportuno poner el nombre del país, porque se creía que la imagen de la reina bastaba para identificar su procedencia. En un principio los sellos venían sin dentar, y para separarlos había que cortarlos con tijera. La entrada en circulación de este papel fue acogida con sorpresa y curiosidad por todo el mundo. De hecho, el primer día de su salida al mercado, se vendieron 60.000 ejemplares del novedoso invento. Gracias a todas estas circunstancias, Rowland Hill fue nombrado director de Correos de Gran Bretaña y dedicó el resto de sus días a mejorar los servicios postales. A partir de esa fecha, 6 de mayo de 1840, y en vista del éxito conseguido, los demás países fueron paulatinamente adoptando el sello como franqueo anticipado para sus envíos por correo, hasta que su uso se extendió a todo el mundo. En España, el primer sello data del 1 de enero de 1850.