Irán y Estados Unidos

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

EL PROGRAMA nuclear de Irán ha ofrecido a Bush el motivo para intervenir, y a pesar de que ha dicho que «todas las opciones están sobre la mesa», no parece creíble que responda a las provocaciones de Ahmadineyad con una invasión militar. Pero si Irán continúa con el proceso de enriquecimiento del uranio -hoy en el 3,5%- y llegara al umbral para construir armas nucleares -necesita el 80%- , entonces se podría producir un ataque con misiles capaces de destruir las instalaciones atómicas, por muy enterradas que estén. Más bien parece que, por ahora, Estados Unidos se limita a organizar un plan para derribar el régimen revolucionario de los ayatolás. Para ello han asignado un presupuesto de cien millones de dólares, destinados a apoyar a la disidencia iraní en el exterior, liderada por el hijo del Sha, pero también a la población de Irán que quiere cambiar el régimen de libertades en su país y pasar a ser una nación moderna. Ahora bien, el clima de guerra que se está creando en Irán, ante el intercambio de amenazas cruzadas, está produciendo un sentimiento de defensa de la patria que une a toda la población iraní, y así, Ahmadineyad consigue con sus encendidos discursos el efecto contrario de lo que pretende Bush. Vemos pues que la población iraní es el objeto del deseo de ambos gobernantes. Un 35% de este rico país son jóvenes que quieren incorporarse a la modernidad democrática. Pero también defienden su derecho a disponer de la energía nuclear para sus necesidades energéticas. Mientras que aquí se rechazan las centrales nucleares, Irán, que es un país muy rico en gas y petróleo, las quiere instalar, y a ver quién se atreve a decirles lo contrario.