Irán rompe los discursos ajenos

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

NI LOS discursos de la progresía ni los reaccionarios logran superar el atasco en que los ha sumido el desafío nuclear iraní. La izquierda planetaria y anti Bush se opone a una intervención armada americana, pero no se atreve a defender en paralelo el derecho ya formulado por Irán (en palabras del ayatolá Alí Jamenel) de «compartir la tecnología nuclear con otros países». Hasta ahí podía llegar el desmadre atómico. Por su parte, los neoconservadores (americanos y no americanos) son partidarios de detener cuanto antes la febril carrera armamentista persa, denunciada ayer por el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), pero tampoco se atreven a mandar sus tropas a un nuevo e incierto pantano en Oriente Medio. Parecen tener bastante con el desbarajuste de Irak, donde nada está saliendo como habían previsto. De modo que ambos discursos se han detenido ante un muro de las lamentaciones no sólo judío. Y, mientras no se resuelve la ecuación -y tardará tiempo en resolverse- nos toca asistir al «mucho ruido y pocas nueces». Esto aún en el caso de que los rambos del Pentágono tengan decidido ya cómo desbaratar la cadena iraní de enriquecimiento de uranio. El problema es tan complejo que, por una vez, no estaría de más que unos y otros (progresistas y reaccionarios) se atreviesen a pensar juntos e impulsar una diplomacia ambiciosa y eficaz. Aunque sólo sea por no empeorar el panorama político y militar en Oriente Medio. Porque, de no ser así, las pautas irremediables pueden considerarse trazadas. Ni EE.?UU. ni Israel van a permitir que Irán emerja como potencia nuclear en la zona. Es algo que sabe hasta el fanático presidente Mahmud Ahmadineyad, quien, a pesar de todas sus bravatas, es muy probable que tampoco quiera la confrontación militar. Lo cual permitiría, a la postre, una negociación tan deseable como difícil. La Unión Europea lo intentó por una vía diplomática sin poder coercitivo y fracasó. Es casi seguro que, con el amparo de ese poder coercitivo, el resultado sea otro. Irán presume de tener muchos terroristas suicidas preparados -y muy probablemente los tiene-, pero todavía no ha explicado qué ganaría con usarlos.