España ya es mejor

| VICTORIANO CRÉMER |

OPINIÓN

24 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

QUIZÁ nunca se llegará a saber quién fue el autor de la frase o será atribuida al mejor postor de entre los estadistas en uso. La historia, que es muy severa con esta clase de expresiones con vocación de letra viva para futurizar poblados y encumbrar gentes, ha recogido ávidamente algunas de las retóricas apelaciones mediante las cuales se pretende imponer una señal para mantener en pie el futuro. Así, cuando Napoleón, por ejemplo, soltó aquella arenga dirigida a sus mamelucos sobre los siglos que decía observaban sus movimientos; o la desabrida regla establecía que «la calle es mía», dicha en su plenitud de facultades por Fraga «inasequible al desaliento». Nunca le ha faltado al pueblo español un clavo ardiendo compuesto por realidades a medias, frases definitivas mediante las cuales el buen pueblo acabó por dormirse en un dulce letargo que a lo peor duraba cuarenta años. Estamos viviendo tiempos verdaderamente históricos que pasarán a los anales de la Patria como testimonio de nuestra capacidad creadora y nuestros padres procesales, que diría César Vallejo, se lanzan a una agria búsqueda de la frase, de la palabra que les puede proporcionar la iniciación de alguna de sus proposiciones de ley. Y precisamente cuando la situación, por su complejidad o por la destreza dialéctica de sus representantes, resulta más confusa y dudosa; cuando se escuchan rumores de pedrea, con estrépito de cristales rotos; y sobre todo cuando la verdad es un anticuado vestigio que ningún gobernante, por muy severo que sea consigo mismo, mantiene contra viento y marea, surge la frase salvadora, o al menos aquella sobre la cual pretenden los elaboradores retóricos que puede edificarse la iglesia de sus ambiciones, sin riesgo de que tempestades imprevisibles la derriben: de no se sabe qué arcanos donde se elabora la sabiduría política de los hombres de la costumbre surge la palabra que salva: «España es la mejor», se proclama. Y nadie se detiene a analizar ni el sentido ni la oportunidad de la frase. ¡Naturalmente que España es mejor hoy que lo fuera ayer! Pero ¿se quiere sugerir que estamos en el buen camino, que hemos acertado con la solución, que hemos conseguido desvelar el misterio de la piedra filosofal? Muchos de los oyentes, al escuchar la afirmación absolutista, se repliegan en sí mismos y objetan que en conciencia no es absolutamente cierto que España ya sea mejor. Es como lo fue ayer y como lo será mañana. Un pueblo sometido a un proceso de fabulación de la gran mentira nacional. ¿Es ya mejor la España de Marbella; la de los dos millones de obreros sin trabajo; la del apremio errático de los precios; la de la división hasta que la muerte separe a los contendientes de las dos Españas machadianas, y hemos de prevenirnos contra aquella que ha de helarnos el corazón?. Hay frases como ésta que se inventa y se manipula para serenar los ánimos convulsos, pero lo que España exige, con apremio de muerte súbita, no son frases sino hechos.