El tercer bloque

ÁNGEL CASTIÑEIRA

OPINIÓN

En 1952, el demógrafo francés Alfred Sauvy se refirió a los países emancipados tras la Segunda Guerra Mundial como «tiers monde». Tres años más tarde, en la Conferencia Afroasiática de Bandung, ese Tercer Mundo tomó conciencia de sí mismo y empezó a organizarse.

23 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Después de la guerra, poco quedó del antiguo sistema de relaciones internacionales. Los sólidos imperios coloniales que se repartían el mundo en los primeros años del XX, llegaban a la mitad del siglo convertidos en decorados de cartón piedra. Y su lugar lo ocupaban dos superpotencias ?primero, aliadas victoriosas; enemigas después? que abominaban de aquella estructura mundial asentada en el colonialismo. Pese a las resistencias al cambio, procedentes de posturas enraizadas en la antigua preponderancia europea, el resultado de aquella coyuntura no podía ser otro que la descolonización. Entre 1945 y 1955 ?en la primera fase del proceso de emancipación?, fueron sobre todo países asiáticos y del Oriente Próximo los que alcanzaron la independencia. Durante ese decenio, los dirigentes de los nuevos Estados fueron comprendiendo que, por su condición de países subdesarrollados y en plena expansión económica, situados entre los dos extremos de un mundo absolutamente polarizado, poseían características comunes que los forzaban a llegar a algún tipo de entendimiento. De esta necesidad de alcanzar acuerdos económicos, políticos y culturales, nació la Conferencia Afroasiática. En la semana del 18 al 24 de abril de 1955 se reunieron en la ciudad de Bandung, en la isla de Java, la mayoría de los países nacidos en aquellos años, pero también Estados históricos, como Japón, China y Tailandia. Los promotores de la reunión fueron, además de la anfitriona, Indonesia, las naciones en las que se habían dividido la India británica ?Pakistán, India y Ceilán? y Birmania. Acudieron la práctica totalidad de los que habían sido invitados a participar en la cumbre. Personalidades como Nehru, Nasser o Chu En Lai asumieron que se encontraban allí representando a más de la mitad de la población del planeta, y que era necesario llegar a algún tipo de entendimiento por mucho que hubiese que ceder. A pesar de que dos de las facciones presentes se articulaban en base a sus relaciones con las potencias ?prooccidentales (Pakistán, Japón, Vietnam del Sur...) y procomunistas (China y Vietnam del Norte)?, ni Estados Unidos ni la Unión Soviética tuvieron presencia directa en la conferencia, y quizá la corriente que más influyó fue una tercera: la neutralista. El primer ministro indio, gobernante de la mayor democracia del mundo, condenó como una «intolerable humillación» la injerencia de las potencias en cualquier país descolonizado. Así, las cuestiones fundamentales que se trataron en Bandung fueron dos: la condena del colonialismo ?que se zanjó, tras algunas negociaciones, con un ambiguo manifiesto?, y el no alineamiento, al que no se adhirieron explícitamente todos los presentes. A pesar de la escasa repercusión práctica de la Conferencia Afroasiática, la importancia de aquella cumbre residió en su significado simbólico. Fue el punto de partida de un movimiento creciente. El no alineamiento hizo echar pestes a los que, como el secretario de Estado norteamericano estaban enfrascados en su guerra fría: para John Foster Dulles, semejantes postulados eran simplemente inmorales. A partir de aquel año, hubo una explosión de independencias en África, comenzó la segunda fase de la descolonización. El Tercer Mundo se descubrió a sí mismo como un posible tercer bloque en el concierto internacional, como una oportunidad para sumar intereses en la búsqueda del bien común. A partir de Bandung, el secretario general de la ONU ya no tendría por qué ser un europeo: podría haber nacido en Birmania, en Egipto o en Ghana.