El clima del tráfico


CONCLUIDO el tiempo de la Semana Santa 2006, las cuentas de tráfico apuntan a la suma de 107 personas muertas en las carreteras españolas, en esos pocos días. De ellas, 17 han perdido la vida en nuestra comunidad. En una y otra vertiente, a costa de campañas y de todo orden de advertencias, la circulación de vehículos mantiene sus líneas de gravedad. Estamos, sin duda, ante un problema social de entidad. Aportemos desde aquí, cuando menos, alguna leve reflexión.Es evidente que en España, al cabo de los años, el número de vidas que se pierden en las carreteras y el de personas heridas de gravedad traducen una situación de permanente inseguridad vial. No se advierten tendencias definitivamente favorables en tanto que en países de nuestra área occidental europea se han conseguido significativas reducciones de accidentes de tráfico con la aplicación de medidas de distinto signo, pero que tienen como denominador común el duro y expeditivo tratamiento para con los responsables de infracciones graves a las normas de circulación. Decimos infracciones graves, las que vienen de conductas anómalas -agresivas, displicentes, desatentas- que generan riesgo tras riesgo hasta abocar en el accidente. Son esas conductas las que es preciso detectar y reprimir in situ, sin contemplaciones, y para ello se necesitan servicios especializados de vigilancia, constantes, intensos, extensos. Vigilancia, sí, en la inequívoca significación del término, cueste lo que cueste. Todo lo demás, en el área estricta del tráfico, siendo bueno, parece secundario. No debe admitirse que el uso del automóvil conforme derechos absolutos para unos cuantos, los mismos que tienen en menos la obediencia a normas para la circulación ordenada y segura, tal como si se tratase normas menores. Es importante notar que el tono moral de la sociedad marca y cualifica las relaciones conformantes de la vida en comunidad y, en ellas, las que tienen lugar en el desarrollo del tráfico. Tanto como decir que el tráfico es un aspecto de la realidad social y parte de ella misma. Y es precisamente en el marco de esta interrelación de tráfico y realidad social donde debe hallarse la vía más apta y racional para la progresión. Aludimos antes a conductas y añadimos ahora que no en vano el texto legal básico para el tráfico -la Ley de Seguridad Vial, dicho abreviadamente- se refiere, antes que a otras, a las «normas de comportamiento en la circulación». Se trata, como es notorio, de incardinar en el tráfico la buena educación para vivir en comunidad. Se trata del civismo y de la urbanidad. Se trata de conceder valor a la moral social, como medio para conseguir que los usos y las costumbres en el tráfico tengan cierta calidad. Se trata de entender, en definitiva, que las normas de circulación son normas para una forma de convivencia cualificada por el uso de vehículos de motor. Conceder prioridad a la educación de la persona como ser social es la tarea, aunque parezca ardua, larga y de difícil alcance.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

El clima del tráfico