LA SITUACIÓN se complica día a día. Por un lado han entrado con fuerza en la demanda de petróleo dos gigantes: la India y China. Han visitado a todos los grandes productores y cerrado negocios de suministro. Además, nada parece indicar que sus necesidades dejen de crecer si su modelo son nuestras economías occidentales. Por el lado de la oferta -y a pesar de las veladas promesas de energía barata de los tres de las Azores- la situación en Oriente (Irak y ahora Irán) no deja de deteriorarse; en otras latitudes (Venezuela, Bolivia, Nigeria...) los hábitos de negocios fáciles con tiranos agradecidos están pasando una mala racha. Hace bien poco las cosas no parecía que fuesen a ir así. En un libro de impacto titulado El ecologista escéptico (2001), un profesor de estadística (ex miembro de Greenpeace) escribía: «... Se espera que el precio del petróleo vuelva a descender desde los 27 dólares actuales hasta 20 dólares de aquí al año 2020». ¡Y estamos ya en 72 dólares! ¿Hemos tocado fondo? No lo creo. ¿Qué podemos hacer? Modestamente: ahorrar y diversificar. Ahorrar individual y colectivamente. Hemos alcanzado de forma masiva el nivel del segundo coche por familia y estamos habituados a un uso abusivo de primeras y segundas viviendas que exigen intensos desplazamientos. Perdimos hace tiempo la noción de que la iluminación debe usarse con mesura, los motores de gran consumo son signo de estatus (el Rey Hummer de GM consume 20 litros a los 100 kilómetros), la calefacción y la climatización se activan a niveles excesivos... Y todo descansaba en un oro negro barato. Pues una de dos: o perdemos renta o reducimos el despilfarro. Colectivamente, basten dos ejemplos: el transporte por carretera y la agricultura. Hemos abandonado el canal ferroviario (y el cabotaje marítimo) porque la carretera era más barata, pero a estos precios la cosa ya cambia. Hemos basado el modelo agrícola de alimentos baratos en el uso de energías fósiles que también lo eran. Volverán huelgas y presiones, pero los precios debieran recoger lo que hay: que otros medios de transporte son más eficientes energéticamente y que no es razonable que los alimentos supongan menos parte del gasto familiar que el ocio y las comunicaciones. Diversificar supone que energías (solar, eólica, biomasa...) que eran caras, lo son menos a estos precios del petróleo. E incluso serían más baratas si el oro negro tuviese que pagar los daños ambientales (en contaminación urbana y cambio climático) que genera su combustión y de los que nadie quiere ocuparse en serio. A ver si así.