CONTINÚO en estas líneas la reflexión sobre Irán que empecé el martes con una referencia al pasado persa de este país, que explica de alguna manera la actual vocación atómica de los líderes islamistas de esta nación de Oriente Medio. La realidad es que las declaraciones del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, son claras respecto de sus propósitos armamentistas nucleares, que han colocado a Estados Unidos y a Israel (y esta vez también a la Unión Europea) ante un dilema de difícil y compleja solución. De lo que caben pocas dudas es de que, si Irán sigue con su programa de enriquecimiento de uranio, Estados Unidos actuará, antes o después, queriéndolo o sin quererlo. Es una respuesta que viene dada por su propia doctrina político-militar. Irán, incluido en su día por Bush en el eje del mal (junto con Irak y Corea del Norte), es una pieza clave en el rompecabezas de Oriente Medio, una región que se desestabilizaría aún más con un arsenal nuclear en ese país. Algo que ni EE.UU. ni Israel están dispuestos a consentir (en el caso de Israel, por razones de supervivencia). El Pentágono tiene sobre la mesa todas las opciones, desde la de invadir Irán hasta la de bombardear -desde sus bases en el golfo Pérsico- las redes de comunicación e instalaciones militares y, por supuesto, los centros blindados de enriquecimiento de uranio. ¿Qué tiene en contra? La opinión pública estadounidense, que teme la labor de las guerrillas en el caso de invasión y las operaciones de terroristas suicidas en su propio territorio y contra bases estadounidenses en todo el mundo. Con todo, los planes militares ya están hechos, y contemplan la destrucción de la capacidad nuclear de Irán. Según la política antiterrorista de EE.?UU., un país incluido en el eje del mal y acusado de ayudar a Al Qaida no puede tener un arsenal nuclear. A los iraníes los ciega el anhelo de recuperar el liderazgo en la zona (la antigua grandeza persa), en un momento en el que Irak -el terrible contendiente de los años ochenta- es un país destruido y con un futuro muy incierto. Pero frente a este sueño iraní se alza la tremenda maquinaria bélica de Estados Unidos. Si no cunde la sensatez, la tragedia estará servida.