TRIBUNA
13 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EL MUNDILLO periodístico estadounidense está revolucionado por un escándalo que afecta a uno de sus integrantes, el periodista del New York Post , Jared Paul Stern. El torbellino originado ha entrado, como en los buenos tiempos, en la guerra entre el Post y su rival neoyorquino, el Daily News . J. R. Stern es un colaborador de la página seis , una sección de cotilleo del un tanto sensacionalista Post . Uno de los blancos de Stern era un millonario llamado Burkle, (personaje de la jet set , dueño de supermercados y poseedor, entre otras cosas, de un Boeing), al que tildaba de playboy sacando sobre él noticias de dudosa veracidad que irritaban al interesado y a su familia. Percatándose de que su perseguidor era un persona venal, el millonario acudió al FBI. De acuerdo con los federales tendió una trampa al periodista. Como en las mejores películas, celebró una entrevista con él que fue grabada y filmada por los agentes federales. En el curso de ella saltó la liebre. Burkle preguntó cuánto valdría que le dejaran en paz y que su nombre no saliera más en página seis, y Stern contestó que 100.000 dólares para empezar y, posteriormente, unos 10.000 mensuales. Con las cintas en poder de la policía, el paso siguiente fue filtrar la noticia al Daily News, cuya redacción se frotaba las manos al ver hasta dónde podía llegar la competencia. El Post suspendió momentáneamente su colaboración con Stern aclarando rápidamente que no era el responsable de la página, que ni siquiera estaba en plantilla, y el alegadamente trincón , pertrechado ya de abundantes abogados, ha contraatacado pasadas unas fechas. Es cierto, manifiesta ahora, que se habló de dinero y de esas cifras, pero con una finalidad mucho más inocua. Sabiendo que el millonario estaba interesado en invertir en la industria de la confección, le estaba proponiendo tomar una participación en una línea de ropa creada por el propio periodista. Stern, que pasa por ser un dandi en los círculos neoyorquinos, tiene efectivamente intereses en una marca de ropa. No hay, concluye, tal chantaje, sino una oferta de inversión. El FBI no parece creer su versión y el portavoz de Burkle ya ha señalado que en ningún momento de la conversación el millonario mostró el menor interés por hacer una inversión. La prensa espera ansiosa ahora el movimiento del fiscal que tiene el caso en sus manos. Una condena del periodista por extorsión causaría sensación y abriría la puerta a otros casos en un país que pleitea con asiduidad. Otro comunicador famoso de apellido idéntico, Howard Stern, también es noticia. Howard fue hace meses titular en la prensa cuando anunció que dejaba la emisora en la que llevaba años con muy altos índices de audiencia, incómodo por cortapisas que le ponían, y se pasaba, aquí estaba la noticia, a una radio por satélite de pago. Stern tenía un show procaz en el que los tacos abundaban, los comentarios irreverentes también y, en su franja televisada, incluso los destapes, que eran parcialmente censurados emborronando la parte del cuerpo afectada. Su pase a la radio digital de pago Sirius , que ávida de captar oyentes de esta modalidad ofreció a Stern un contrato fabuloso de más cien millones de dólares por varios años, fue considerado un test sobre las posibilidades de este nuevo formato. Stern no ha respondido. En su anterior emisora tenía nada menos que 12 millones de oyentes. Pasados unos meses, sólo un millón lo han seguido a la de pago.