NADIE le niega capacidad y sutileza para llevar a buen puerto las negociaciones en que interviene. Incluso los que no se fían de él (los líderes del PP) no le niegan estas habilidades, suficientemente acreditadas. Y aún más: su más frecuente contendiente político, el popular Eduardo Zaplana, mantiene excelentes relaciones personales con él. Sin embargo, justamente por todo esto, el nuevo ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, es quizá el político en activo que más nombres, sobrenombres o apodos ha cosechado. Recuerdo que ya cuando era ministro con Felipe González no faltó quién lo bautizase «el Fouché cántabro» -Rubalcaba es santanderino-, no se sabe si por su pericia para sobrevivir políticamente o por su eficacia en el Gobierno (que todo esto acoge la referencia al ministro francés que supo servir y sobrevivir a Napoleón). De su talento político se hacen lenguas en el PSOE, y las alabanzas le llegan también desde las filas nacionalistas catalanas y vascas. E incluso no está claro que los reparos no sean reconocimientos. Por ejemplo, cuando Joseba Egibar, presidente del PNV de Guipúzcoa, dice que es un «maestro de maestros» en el arte de dividir partidos y de «anestesiar» a la sociedad para que se olvide de que el objetivo último es la superación del conflicto político y no sólo la pacificación, ¿se diría que lo está descalificando? «Rasputín del PSOE» y «jefe del comando de agit-prop » son otros calificativos que le han llegado desde la derecha, pero ninguno de ellos niega su capacidad como estratega y su habilidad negociadora (a pesar de que lo tilden de manipulador). Sólo quienes lo pintan como el autor de las cesiones a los nacionalistas (en particular en el Estatuto catalán) se aplican a discutir interesadamente su destreza y toda su trayectoria. Es algo que está haciendo partidariamente el PP, cuyo líder, Mariano Rajoy, ha aludido a los «muchos puntos oscuros» de su biografía, sin explicitar a cuáles se refiere. Lo cierto es que el presidente Zapatero ha elegido a Pérez Rubalcaba para que, desde el Ministerio del Interior, guíe el proceso de paz en el País Vasco y acabe con ETA. Y muy probablemente ha elegido a la persona más capacitada para esta tarea. Al tiempo.